miércoles, 24 de mayo de 2017

23-5-2017 URKIOLAMENDI DESDE ATXARTE













Puntualmente, a las 9 de la mañana, nos reunimos 10 jubiltaldeos en la cafetería del restop de Amorebieta para tomar el imprescindible cafecito. Continuamos camino hacia Atxarte, donde después de un ligero despiste  de parte de la expedición, y dejando a nuestra derecha la ermita del Santo Cristo, llegamos al reducido aparcamiento, que acoge justo a nuestros tres coches, comenzando a caminar hacia las 10 de la mañana.

Encontramos grupos de escaladores que se dirigen bien hacia las faldas del cercano Untzillaitz o del próximo Aitztxiki para iniciar su actividad. El camino, primero por un hayedo precioso y luego bajo las peñas imponentes del Alluitz, con el sol ya sobre nuestras cabezas,  nos conduce hasta el collado de Asuntze, junto al paraje de Pol-pol a donde llegamos hacia las 11,30. Casi sin descansar afrontamos la subida de las lomas del Kobabaso y Urkiolamendi o Urkiolaguirre, ahora con un poco de brisa que favorece la subida.

Hacia las 12 llegamos a la cumbre compuesta por un geodésico, varios buzones en mal estado con algunas placas y una mesa orientativa. El día es espectacular igual que el panorama que desde la cumbre  disfrutamos  mientras tomamos la fruta o frutos secos. Saludamos a un antiguo compañero del banco y comenzamos el descenso hacia las 12,20, tomando posteriormente, a la altura de las campas de Genzelai,  una pequeña desviación que nos lleva a la pista principal que nos dirige hacia donde teníamos los coches,  a donde llegamos a las 2 de la tarde.

Posteriormente nos dirigimos a Abadiño, al restaurante Soloa, donde tomamos el aperitivo en honor de un jubiltaldeo que recientemente ha cumplido años, haciendo votos para poder alcanzarle en su mismo estado de forma y gracia.

La comida bien, casera, bien atendidos por unas agradables señoritas. Los cafés y txupitos los tomamos en la terraza comentando próximos planes del grupo. Sin más, hacia las 5 de la tarde retornamos a nuestros hogares.

En total hemos realizado una subida de 675 metros y recorrido unos 11 kilómetros.



sábado, 22 de abril de 2017

18-4-2017 GANGUREN

GANGUREN
18/04/2017





Hoy la crónica tiene un aire especial porque la aproximación al punto de salida montañera ha supuesto la inauguración, por parte de Jubiltaldea, de la línea 3 y del ascensor o lanzadera que te deja en la parte alta de Etxebarri, concretamente en el barrio de San Antonio.

El guía alfa nos ha convocado a las 9:30 en la estación de Kukullaga que viene a ser como un nudo ferroviario ya que confluyen las vías que van a Bermeo y Donosti además de la línea 3 propiamente dicha, todas de Euskotren.

Una vez llegados los 7 (1+6) jubiltaldeos actualmente operativos y libres de viajes por España y el extranjero, cogemos el ascensor hasta el mencionado barrio donde tomamos, como es natural, el preceptivo cafecito.

La jornada montañera comienza desde aquí, a las 10 de la mañana, una mañana tristona porque todo son nubes pero con esperanzas, que luego se confirmarán plenamente, de buen tiempo a partir del mediodía.

Descendemos un poco e inmediatamente entramos en una senda individual, es decir apta para ir sólo en fila india, con un buen pisar y pronunciada pendiente.

Alternamos pista de pedriza con un ratito por la carretera que va a Santa Marina, luego viene un cortafuegos con línea eléctrica y la carretera BI-3732 que va a El Gallo para, después de salir de ella, continuar subiendo hasta llegar al Ganguren (477m.), monte que está hasta las cartolas de antenas, a las 11:30.
Dada la hora que es, nos sacamos la foto y seguimos ruta hacia el Vivero donde paramos al mediodía, ya con sol, y damos cuenta del amaiketako cómodamente en un de las múltiples mesas que hay por en el área recreativa junto al bar y los servicios.

La existencia del bar, abierto, supone una encarnizada lucha dialéctica entre el que quiere ir a tomar un pincho de tortilla y la facción ortodoxa que supera la tentación porque ir al monte es ir al monte. Al final y sin derramamiento de sangre ganan los buenos.
Hasta aquí llevamos recorridos 6 km.

Continuamos el rondo hacia Etxebarri con confirmaciones periódicas de que llevamos la ruta adecuada proporcionadas por algún montañero o incluso corredor (que han sido varios con los que nos hemos cruzado). Tenemos alguna subida de cierta entidad y va pasando el tiempo y nosotros sumando kilómetros hasta que entramos en la parte baja de Etxebarri dirigiéndonos al restaurante de siempre a las dos y media pasadas y como nos ponen una mesa nos quedamos sin el premio del aperitivo.

Total que hemos andado 15 km. en cuatro horas y media y 520 m. de desnivlel lo que equivale a una etapa del Camino de Santiago que el lunes próximo unos cuantos jubiltaldeos comienzan desde Vitoria (última etapa del año pasado) para llegar a Burgos este año.

La comida está bien, destacando unos chicharros al horno que, para los 5 que los hemos comido, no han suscitado más que loas y parabienes por su frescura, cochura y sabrosidad. La pena es que no traen los primeros platos en los perolos.

Las cuentas las hace un jubiltaldeo que apunta buenas maneras de modo que tenemos asegurado el relevo generacional solamente a falta de comprobar la suerte que pueda tener en los donativos que el ecónomo oficial suele hacer al estado en forma de la Primitiva.

Vuelta en el metro, esta vez en la línea 1 para estar a las 5 en casa.

Esta reseña se ha escrito en la parte alta de Algorta a mayor gloria de Jubiltaldea.

domingo, 16 de abril de 2017

11-4-2017 VUELTA AL ALDAMIN

11-4-2017 VUELTA AL ALDAMIN




En plena Semana Santa nos juntamos 6 jubiltaldeos en la taberna Sagarna de Zeanuri para tomar el preceptivo café y abordar la subida al embalse Iondegorta, en las faldas del Aldamin. Aparcamos los coches junto al refugio del club Basconia y comenzamos la subida por pista asfaltada que entre bosques de haya y pino nos acerca a Arimekorta, donde se ubican buen número de refugios privados, sin actividad en este día. Continuamos la subida situándonos en la parte alta de Aldamiñape pasando junto al refugio del club Lemona, del año 1954.

Sin prisa pero sin pausa, con paradas para contemplar el paisaje y adivinar en lontananza los pantanos de Vitoria difuminados por la bruma, dejamos Peña Dulau a un lado y embocamos el barranco de Larregoien teniendo el Aldamin a nuestra derecha y el Gorbea a nuestra izquierda. Comienzan a verse grupos de montañeros por la cumbre y en plena subida.

Casi a la hora del ángelus llegamos al collado de Aldamiñospe, donde reponemos fuerzas y continuamos hacia Egiriñao con sus refugios y enseguida descendemos por una canal transitable hacia la parte baja de Aldamiñape y retornar a los coches a través de un bosque de hayas cruzado por diversos regatos.

Llegamos a las 2 a los coches y tras una bajada vertiginosa que da ocasión a un jubiltaldeo a probar el cambio manual de su coche automático, llegamos al casi templo Arratiano, donde tenemos sitio de tomar un aperitivo en la terraza a cuenta de un jubiltaldeo que ha cumplido recientemente.
Primeros: alubia roja, lentejas, patatas en salsa verde, espaguetis y puré de calabaza.
Segundos: hijada de merluza (riquísima), sanjacobos, alitas de pollo.
Postres varios. Se comenta darle ya al Arratiano una estrella jubiltaldea a la espera de quizás una tercera visita para ver si se hace definitiva.

Sin más vuelta a casa, arribando a Getxo hacia las 5,30 de la tarde.

lunes, 10 de abril de 2017

4-4-2017 GANEROITZ

GANEROITZ
04/04/2017








Tiempo fresco, cielo muy nublado y posibilidad de lloviznas.

Con este escenario no muy halagüeño los 12 (1+11) jubiltaldeos disponibles nos vamos a El Regato donde, después de tomar el preceptivo cafecito en el hotel (único establecimiento hostelero abierto), situado junto al restaurante Erreka-Alde (cerrado por obras) iniciamos la jornada a eso de las diez de la mañana.

Tenemos por delante unos 560 de desnivel y eso se nota desde el primer paso que damos. Al principio por calzada de hormigón y siempre hacia arriba, nunca hacia abajo, llegamos al barrio de Tellitu donde encontramos alguna casa solariega en pésimas condiciones y a un vecino que, según cuenta, se pone morado de matar jabalíes desde la ventana de su casa cuando van a comer las cerezas.

Previamente hemos dejado atrás los restos metálicos, perfectamente oxidados y de considerables proporciones, pertenecientes a una antigua cantera.

A partir de Tellitu empezamos propiamente el camino montañero de piedra y tierra con unos pocos charcos y cuestas de diferentes calibres. La última de ellas es de esas en que conviene ir en silencio hasta que desembocamos en una pista de buen pisar desde donde podemos ver nuestro objetivo. Son las 11:35

Andamos unos pasos por ella y henchidos de ardor guerrero atacamos la cima por un estrecho y difuminado camino, por llamarlo de algún modo, que marca la directísima para llegar al Ganeroitz (561 m.), también conocido por Apuko, veinte minutos más tarde de probo esfuerzo.
Casi llegando a la cumbre nos caen unas chispitas que más que de lluvia parecen de procedentes de las nubes bajas. Llegan con nosotros otros colegas que aprovechamos para fotografiarnos mutuamente y descendemos hacia zonas más templadas para dar cuenta del amaiketako.

Volvemos por esa misma pista que bordea el monte hasta el barrio de Castaños consistente en una casa y una vaquería de considerables proporciones.
Hay bastante labor forestal por la zona y tenemos un par de paradas para consultar los elementos electrónicos y aún con ellos tenemos un despiste que nos hace andar y desandar un buen rato con el agravante de que no es la primera vez que nos despistamos en ese punto concreto.

Corregida la ruta, vamos descendiendo con cuidado hasta la cola del pantano para entrar en El Regato por la parte de arriba. Por supuesto que hemos vistos los cerezos en flor pero me da la impresión de que ya no es lo que era antes

A las 2:20 estamos en los coches después de casi 13 Km. de monte a través recorridos en cuatro horas y media

Antes de pasar al comedor del Errekatxo, tomamos cómodamente sentados, pero bien abrigados, en la terraza, el aperitivo fin de jornada que sirve de homenaje y por supuesto corre de cuenta suya, de un jubiltaldeo que ha tenido el gusto de llegar a la edad que tiene en una forma física envidiable.

La comida bien no, sino muy bien destacando unos garbanzos mantecosos que hay quien los mezcla con coliflor a falta de berza. Últimamente estamos acertando con los hosteleros porque no creo que estemos perdiendo facultades gustativas.

Como estamos cerca y nos respeta el tráfico, para las cinco y media estamos en casa duchándonos

Se ha escrito esta reseña en la parte alta de Algorta como parte integrante de la historia a mayor gloria de Jubiltaldea.

domingo, 2 de abril de 2017

28-3-2017 BURUBIO Y BABIO

BURUBIO Y BABIO
28/03/2017







A las 9:30 del horario de verano, con un día radiante tanto presente como futuro, los 11 (1+10) jubiltaldeos nos damos cita en el bar Atxubi de Amurrio donde tomamos los cafés y los zumos que marcan el inicio oficial de la jornada.

Empezamos a andar a las diez menos cuarto desde el mismo pueblo. Como casi siempre los primeros pasos son cuesta arriba.
Primero por carretera durante una media hora y luego por pista con algo de barro pero no como para llamar la atención, llegamos a un collado donde, tirando a la izquierda, nos pone en un plis plas en la cima del primero de los montes previstos para hoy: el Burubio de 538 m. que teniendo en cuenta que hemos partido de 220, se puede decir que hemos dado un paseo.

Estamos lo justo para sacar una foto y seguimos viaje. Atravesamos el barrio de Mendeika y otra vez por carretera seguimos subiendo hasta que esta se acaba. Continuamos por pista de tierra y por último pisando una verde y esponjosa pradera de yerba llegamos al Babio (582 m.) casi a la hora del ángelus.

Hace un día claro y las vistas sobre el valle de Ayala son espectaculares. No hay viento así que tomamos el frugal amaiketako viendo el paisaje. Una amable montañera a la que nuestra llegada le ha perturbado la paz del lugar nos saca la foto junto al monumento al montañero, escultura de hierro forjado que precisamente fue creada por su abuelo.

Estamos un buen rato e iniciamos el descenso por la parte contraria a la de la subida.
Cuando llegamos a una pista de cemento, más bien carretera, tenemos el mismo dilema que el nefasto día del barro y como hoy parece que no hemos andado lo suficiente cambiamos de rumbo y, pasando por un depósito de aguas con una edificación imponente, seguimos andando tipo tobogán con piso, menos mal, no muy embarrado, hasta llegar otra vez al barrio de Etxegoien donde se cierra el rondo.
De aquí a los coches hay un suspiro urbano y para la 1:30 estamos cambiándonos para el aperitivo.

El blanco lo tomamos en el mismo bar del café y mientras el ecónomo desarrolla las funciones propias de su cargo, el camarero, encargado o dueño le pregunta si conocemos El Ciego, sitio muy famoso en el pueblo donde dan buen yantar. Rápido conciliábulo y aceptamos el reto recibiendo las instrucciones pertinentes para llegar.

Todo nos lleva al Ruperto, perfectamente señalizado a unos 200 m. de un polígono industrial pero que es conocido en la zona por el Ciego ya que el primer dueño, como todo el mundo ha podido deducir, era ciego.

Comedor enorme pero ya, por la hora que es, casi vacío. Menú, sin preguntar. Hay lentejas y arroz con almejas de primero y chicharritos fritos con pollo en pepitoria con patatas fritas caseras de segundo. Todo rico y abundante y salvo los dos de la ensalada, todos comemos de todo.
Los postres lo mismo que los cafés los pedidos individualmente.

La opinión general es que se ha hecho un gran descubrimiento gastronómico que, por supuesto, habrá que refrendar encargándose el guía alfa de llevarnos algún martes por la zona.

En los coches subimos hasta la ermita de S. Roque, cercana al restaurante, y como en cuyos alrededores hay todo un despliegue de mesas, barbacoas y fuentes hace que nazcan proyectos de hacer un día unas hermosas paellas aunque todo hay que decirlo, el plan está cogido con alfileres.

Sin problemas de tráfico y por la carretera antigua que nos trae recuerdos de antaño, llegamos a casa para las seis y media.

Se ha escrito esta reseña en la parte alta de Algorta y que le ha servido a este cronista el poder rememorar un bonito día tanto en lo meteorológico, como en lo deportivo y en lo gastronómico.

lunes, 20 de marzo de 2017

14-3-2017 UPO

UPO
14/03/2017



Nos reunimos 10 jubiltaldeos a las 9:30 en Areatza (Villaro) para tomar el café.

El tiempo está nublado pero los pronósticos son buenos, es más, ratifican lo anunciado ayer a la mañana por el nuevo meteorólogo jubiltaldeo. Podríamos decir que ha nacido, por ahora, una estrella a no ser que haya sido pura casualidad.

Comenzamos a andar a las 10 desde el mismo pueblo. A alguien se le ocurre ponerse las polainas al que todos imitamos y no sabe lo bien que nos ha resultado a lo largo de todo el recorrido, sobre todo en su última y aventurera parte.
Al pasar por el cementerio nos fijamos en una frase colocada a su entrada que no me resisto a ponerla y que dice así “Aquí comienza la alegría del justo y aquí termina el placer del pecador”. Cada uno, espero, habrá hecho su examen de conciencia

El trayecto hasta la cumbre es de subida constante pues hay que salvar unos 400 m. de desnivel con algunos falsos llanos que distribuyen el esfuerzo.
Al principio tenemos una pista de hormigón, que pasando por la pirotecnia Astondoa nos lleva en cuarenta y cinco minutos hasta Martxondi Bekoa que solo son dos casas. Un poco más adelante hay otro caserío y a partir de aquí se nos acaba lo limpio y aparece el barro (más tarde vendrá el barro con todo su esplendor) que vamos sorteándolo con dignidad caminando entre las rodadas que afortunadamente tienen yerba.

No obstante hay algunos tramos bastante embarrados producidos por las labores de tala que se están llevando a cabo por la zona (pero esto no es nada con lo que tendremos luego)
Cuando todavía faltan veinte minutos para el ángelus estamos en la cumbre del Upo (608 m.) después de andar un rato en plan atajo en que recorremos unos 100 metros a la remanguillé.

Como no hace viento y tenemos sol estamos tomando el amaiketako hasta el mediodía, hora en que iniciamos el descenso.
Todo parece bajo control y usamos el mismo trayecto que a la subida hasta llegar a un cruce que sube a Pagomakurre cuya carretera seguimos hacia Areatza para culminar una especie de rondo.

Peeeeero como las fuerzas vivas consideran que vamos muy bien de tiempo dejamos la carretera asfaltada sin baches ni barro y nos desviamos a la derecha por un camino que al principio no está mal hasta llegar a una valla que nos impide seguir a causa de un “Prohibido el paso. Propiedad particular” y un perro de considerables proporciones ladrando y suelto, para confirmarlo.

Y aquí se acaba lo bonito del viaje. Nos desviamos por un camino y empezamos a pisar agua y barro sin escapatoria posible. Y andar, venga a andar e incluso subir y venga a subir aun sabiendo que lo lógico es bajar para llegar a los coches.
Y así un buen rato, con barro sopa, con riesgo manifiesto de darnos un trompazo y encima jugándonos la comida pues el reloj seguía funcionando inexorablemente hasta que en un punto, a la vista de una casa y de la bionda de la carretera que tan inconscientemente habíamos abandonado, se nos cierra el camino y nos quedamos clavados. A la derecha el río y la incógnita y a la izquierda la carretera para llegar a la cual no existe camino ni nada que se lo parezca y sea aprovechable.

Cada uno como puede y sin males mayores salvo juramentos e imprecaciones nos ponemos a salvo y sin más anécdotas que contar por la carretera y otra vez Astondoa llegamos a las 2:30 a los coches después de unos 13 Km. de andar sufriente.

Corriendo nos quitamos todo lo que pudiese contener barro y nos vamos al Arratiano que está a la salida del pueblo y en que podemos no solo comer sino que nos da tiempo para tomarnos el aperitivo acariciados por los rayos de sol.

La comida es como para tener en cuenta con gran variedad de platos que en el caso de los primeros, salvo los espaguetis y las ensaladas todo lo demás viene generosamente en su respectivo perolo. Nadie ha expresado otra cosa que no sean alabanzas así que ojo con este restaurante a tener en cuenta y como muy bien sentencia el guía Alfa por esta zona hay muchos montes.

A las 4:30 nos vamos para casa sin más cosas que reseñar.

El escrito para el recuerdo se ha hecho en la parte alta de Algorta todavía con pesadillas nocturnas en las que el barro y las arenas movedizas nos van engullendo uno a uno.

miércoles, 15 de marzo de 2017

7-3-2017 SAIBIGAIN

SAIBIGAIN
07/03/2017





A las 9:30 estamos 13 (1+12) jubiltaldeos en Dima en una especie del salón del automóvil ya que Jubiltaldea ha comenzado a renovar su parque móvil con imponentes vehículos a los que solo les falta hablar.
Tomamos el café bajo un ligero sirimiri que a veces arrecia mientras se empiezan a oír tímidas voces que pretenden adelantar el amaiketako a base de huevos con txorizo y olvidarnos del ejercicio de los martes.

Desde luego y pese a las predicciones que dicen que lo malo está al este del Cantábrico, la cosa no pinta nada bien. No obstante el pundonor nos puede y en los cuatro coches nos vamos hasta Zumeltza donde aparcamos junto al antiguo aeropuerto utilizado durante la guerra civil.

No ha mejorado nada el asunto así que, paraguas en ristre, empezamos a andar pasadas las diez y cuarto.

Recorremos la pista de aterrizaje que es de hormigón y que está en muy buen estado y cuando se acaba cogemos otra pista que empieza a subir hacia nuestro destino.

El trayecto se resume fácilmente: Algunas cuestas en serio con categoría de pista y/o camino, con barro de diferentes clases, arcilloso, pegajoso, resbaladizo y en algunos momentos asqueroso. También tenemos zonas de vadeo que las salvamos sin ningún problema y mientras tanto, algo de sirimiri, conatos de que va a escampar y para volver a la realidad, chubascos serios.
A todo esto, niebla por todas partes lo que no nos afecta en cuanto a disfrutar del paisaje porque bastante tenemos con mirar por donde pisamos.

Caminamos en algunos tramos por la Senda del pastoreo y aunque no vemos referencias orográficas por el asunto de la niebla, la señalización a base de postes nos guía perfectamente.
Los últimos 700 m. que nos quedan para la cumbre los subimos campa a través, de mullida yerba y rodeando las trincheras escavadas en la defensa del monte durante la guerra. Hace mucho viento pero afortunadamente ya no llueve.
En la cruz estamos lo suficiente como para una foto que no sé si verá porque a medida que el fotógrafo se aleja para poder salir todos, nos difuminamos más.

Empezamos el descenso pasada la hora del ángelus hasta llegar a una zona protegida del viento donde tiene lugar el amaiketako que por ser época cercana a los carnavales es tradición que se componga de unas tostadas y torrijas (sí, de las dos clases), a cada cual mejor, que la señora de uno de los jubiltaldeos con todo su cariño nos las prepara. El jubiltaldeo consorte con su probada bonhomía y humildad reconoce la autoría de su esposa arrogándose únicamente el mérito de haber transportado hasta aquí, además del sólido, una botella de sherry amén de platos, servilletas y vasos.
Otro jubiltaldeo, con información privilegiada, completa el asunto con una botella de cava destinada a las grandes ocasiones.

Volvemos por el mismo camino que hemos usado para la subida con la única diferencia de que no nos llueve e incluso en un momento bastante fugad vemos un tímido rayo de sol. También tenemos un par de aterrizajes sin más consecuencia que el barro esté presente en más sitios que en las botas.

Llegamos a los coches y nos cambiamos en el área de Zumeltza después de 2 horas y media de andar efectivo, 8 km. de distancia y unos 400m de desnivel. Lo que se dice un simple paseo.

La comida la tenemos en el Amorrortu donde esperamos a que nos pongan la mesa tomando el txakoli con las almendras.
El menú es a base de perolos con sopa de pescado, garbanzos con berza, que todos sabemos quién se ha puesto como el quico llegando a cuatripitir su generosa dosis, y arroz cremoso tirando a paella como primeros para “bajar” el pistón en los segundos con unos lirios fritos, albóndigas caseras y, en plan plato especial, unas patitas de cerdo a la vizcaína. Pese a la rapidez habitual con la que comemos nos quedamos como nuevos.

Aprovechamos para perfeccionar la receta de los garbanzos que tendremos el próximo jueves en el txoko y que Arantxa no tiene reparos en explicárnosla detenidamente con garantía de que triunfaremos.

A los coches y para casa sin más problemas que la correcta digestión de todo lo que hemos comido

Se ha escrito esta reseña, más gastronómica que montañera, en la parte alta de Algorta y como ya se ha celebrado la garbanzada se puede confirmar que el éxito ha sido rotundo sin ninguna pega por parte de los 17 jubiltaldeos presentes.