COMIDA ANIVERSARIO
Estas cosas sólo nos pasan a los tíos: siete años después de iniciar una experiencia grupal seguimos juntos y sin problemas. ¿Pelín machista o cruda realidad?
Con ánimos renovados y siguiendo las instrucciones del socio fundador encargado de la convocatoria nos junta-mos, a la hora convenida, en el Batzoki de la calle Henao (lo siento López) para cumplir con el primer ritual: tomar un cafecito.
Saludados los unos a los otros y puestos al día sobre al-gunas vicisitudes propias de la edad, salimos del local pa-ra realizar la parte cultural de la celebración de nuestro séptimo aniversario.
Nos dirigimos, buscando el sol, hacia el emblemático mu-seo Guggenheim (o la caseta de pupy, según para quién) para estar calentitos y al tiempo disfrutando de la exposi-ción sobre la edad de oro de la pintura holandesa y fla-menca que actualmente se expone en este templo pictó-rico de nuestra noble villa.
Ni que decir que como buenos jubilados y prejubilados hemos entrado de “gañote”, una vez más, gracias a las buenas gestiones del socio fundador encargado de los asuntos de esta primera parte del día.
La valoración de lo visto y admirado, no puede ser de otra forma, es de sobresaliente. ¿Cómo conseguían esos tíos semejante realismo? Nada que ver con la parte moderna, abstracta, (o lo que sea) del resto del museo.
Envueltos de una ligera pátina de conocimientos sobre pintura, pinceles y otros asuntos relacionados con el tema vamos paseando plácidamente por el borde de la ría en dirección a la Plaza Nueva, mientras el de audiovisuales (el oficial) se recrea con lo suyo.
Hay que parar para tomar un vinito (otro ritual) y a ello nos dedicamos durante un buen rato disfrutando de la tertulia grupal.
Cuando la hora de la cita culinaria se aproxima nos diri-gimos al restaurante Miren Itziar, lugar de celebración de éste y otros años, y tras saludar a otros jubilados banca-rios con los que coincidimos nos adentramos en la tasca para, los diecisiete reunidos, disfrutar de sus manjares.
La comida es la tradicional: fritos, merluza frita y cordero asado.
Decir, sin entrar en detalles, que la “cosa” ha bajado de nivel en varios aspectos. Sin más.
A los postres, y como parte del ceremonial anual, se hace entrega de camiseta, niki y diploma a un jubiltaldeo, que desde este momento y con el aplauso unánime de todos los asistentes pasa a ser socio de pleno derecho.
A las copas y con las lenguas ya desatadas se empieza con lo de siempre: grandes propuestas, ideas primero coherentes y después más difusas, y como siempre gri-terío y confusión según va pasando el tiempo.
De toda la bulla lo único que he sacado en claro es que el próximo mes nos vamos, a día completo, con las que mandan en casa a una sidrería en Astigarraga: o sea, confraternización y buen rollito con los de la provincia ve-cina.
Igual es que yo también estaba espeso a esas horas (como se ve ni yo me salvo de la crítica acida).
A una hora prudencial, y cuando la noche ya está cayen-do salimos del restaurante y nos despedimos según des-tinos.
El colectivo ferroviario (entiéndase metro) nos lleva a al-gunos hasta el hogar dando por finalizada la jornada.
Nos hemos visto “casi todos”, los habituales y los menos, nos hemos divertido, por momentos, hemos disfrutado de la compañía de los demás y sobre todo hemos mantenido el espíritu de aquello que comenzó hace ya siete años.
Jubiltaldea está viva y así seguirá con toda seguridad du-rante muchos más años.
Y sin más, que me estoy poniendo romántico y no es eso, escribo esta crónica en Las Arenas, la zona más rica de costa rica, a veinte de Enero de 2011
martes, 25 de enero de 2011
18-1-2011 ALGORTA-GORLIZ
GORLIZ DESDE BIDEZABAL
18/01/2011
Día oscuro, gris y con predicción de lloviznas más frecuentes en zonas más próximas a la costa. ¡ Bingo !
A las 10,30 hemos quedado en la estación de Bidezábal. Entre un accidente que ha habido en el Metro y la lluvia suave pero constante que está cayendo, solo estamos 6 efectivos. Esperamos por si acaso llega algún afectado y en vista del éxito (no llega nadie más), a las 11,00 empezamos a andar.
En el Molino se nos adhieren dos jubiltaldeos que han venido en coche debido a las irregularidades del Metro.
Por el paseo de la Galea, con lluvia a veces fuerte y una niebla densa, a las 11,30 estamos en Azkorri donde tenemos una baja “in itínere”. Afortunadamente hacia la altura de La Salvaje deja de llover pero para evitar el barro que habrá por el camino de la costa tiramos para Sopelana.
Como ya son las 12 bastante pasadas paramos un momento en un parquecito con fuente y papelera para compartir las escasas provisiones que hemos podido reunir. Al estar clasificada la salida como paseo ha habido de todo en cuanto al equipo y al avituallamiento circunstancia que indirectamente a afectado al negociado de audiovisuales por lo que hoy no tenemos evidencias fotográficas. Ahora, eso sí, los paraguas y las botas no han fallado.
Por la carretera que pasa por el restaurante Gardoqui, subimos hasta el barrio de Goierri, en Barrica, para llegar, por el interior, a la estación de Plencia a la 1,30.
Otra vez tenemos que abrir los paraguas y por el paseo junto a la ría nos vamos hasta Górliz. Son las 2 y todavía tenemos tiempo de tomar el vino de rigor (y seguimos sin las almendras por ausencia del titular) antes de sentarnos a la mesa en el Ondragane.
La comida, en plan menú del día (9,50€), sin grandes lujos, nos ha producido buenas sensaciones, si bien y en opinión de los comensales, antes de otorgarle una estrella jubiltaldea, convendría hacer otra visita como prueba de solvencia o estrés. El sistema en cuanto a los primeros platos, es parecido al de Ubidea aunque en un tono menor.
Cuando salimos del restaurante hace más frío y llueve a gusto. Como no conocemos los horarios de los autobuses nos vamos andando hasta la estación para coger el metro de las 5.
Sin más asuntos de interés para ser incorporados a este paseo, se escribe esta crónica, en Algorta a 19 de Enero de 2011.
NOTA:
En un principio, esta salida de acuerdo con la entrevista que este cronista le realizó al guía alfa y vocal de salidas y pernoctas (ausente también hoy), estaba pensada para atraer a los jubiltaldeos en periodo de recuperación de sus recientes dolencias además de evitar posibles bajas para la comida del aniversario.
18/01/2011
Día oscuro, gris y con predicción de lloviznas más frecuentes en zonas más próximas a la costa. ¡ Bingo !
A las 10,30 hemos quedado en la estación de Bidezábal. Entre un accidente que ha habido en el Metro y la lluvia suave pero constante que está cayendo, solo estamos 6 efectivos. Esperamos por si acaso llega algún afectado y en vista del éxito (no llega nadie más), a las 11,00 empezamos a andar.
En el Molino se nos adhieren dos jubiltaldeos que han venido en coche debido a las irregularidades del Metro.
Por el paseo de la Galea, con lluvia a veces fuerte y una niebla densa, a las 11,30 estamos en Azkorri donde tenemos una baja “in itínere”. Afortunadamente hacia la altura de La Salvaje deja de llover pero para evitar el barro que habrá por el camino de la costa tiramos para Sopelana.
Como ya son las 12 bastante pasadas paramos un momento en un parquecito con fuente y papelera para compartir las escasas provisiones que hemos podido reunir. Al estar clasificada la salida como paseo ha habido de todo en cuanto al equipo y al avituallamiento circunstancia que indirectamente a afectado al negociado de audiovisuales por lo que hoy no tenemos evidencias fotográficas. Ahora, eso sí, los paraguas y las botas no han fallado.
Por la carretera que pasa por el restaurante Gardoqui, subimos hasta el barrio de Goierri, en Barrica, para llegar, por el interior, a la estación de Plencia a la 1,30.
Otra vez tenemos que abrir los paraguas y por el paseo junto a la ría nos vamos hasta Górliz. Son las 2 y todavía tenemos tiempo de tomar el vino de rigor (y seguimos sin las almendras por ausencia del titular) antes de sentarnos a la mesa en el Ondragane.
La comida, en plan menú del día (9,50€), sin grandes lujos, nos ha producido buenas sensaciones, si bien y en opinión de los comensales, antes de otorgarle una estrella jubiltaldea, convendría hacer otra visita como prueba de solvencia o estrés. El sistema en cuanto a los primeros platos, es parecido al de Ubidea aunque en un tono menor.
Cuando salimos del restaurante hace más frío y llueve a gusto. Como no conocemos los horarios de los autobuses nos vamos andando hasta la estación para coger el metro de las 5.
Sin más asuntos de interés para ser incorporados a este paseo, se escribe esta crónica, en Algorta a 19 de Enero de 2011.
NOTA:
En un principio, esta salida de acuerdo con la entrevista que este cronista le realizó al guía alfa y vocal de salidas y pernoctas (ausente también hoy), estaba pensada para atraer a los jubiltaldeos en periodo de recuperación de sus recientes dolencias además de evitar posibles bajas para la comida del aniversario.
domingo, 16 de enero de 2011
11-1-2011 BIZKARGI
BIZKARGI
11/01/2011

Alrededor de las 9,15 vamos llegando 11 jubiltaldeos al batzoki de Larrabetzu. Después del café y de asegurarnos de que estábamos todos, ni uno más, ni uno menos, nos dirigimos en los coches al barrio de Goikolegea o Goikolexea aparcando junto a la iglesia juradera de San Emeterio y San Celedonio.
La temperatura es buena y no hace viento pero llover vaya que si llueve aunque confiamos ciegamente en Ana Urrutia y los modelos meteorológicos de EITB que para hoy han anunciado un día oscuro pero prácticamente sin lluvia, circunstancia que, por ahora no se está cumpliendo.
Como sigue lloviendo, el cura, que anda por allí, nos abre el pórtico de la iglesia para equiparnos. Salimos a las 10,15 con los paraguas abiertos.
Por carretera asfaltada, sin grandes cuestas, llegamos tras una hora escasa de marcha al barrio de Barrenetxe, punto donde muere el asfalto. Por ahora todo bien y el paraguas en intermitente con algún que otro chubasco moderado entre sirimiri y sirimiri.
Nada más dejar la carretera empezamos a catar, pero solo a catar, el barro. Al principio vamos por una campa que bordea un pinar hasta no nos queda más remedio que adentrarnos en él. Como el camino no está muy machacado y el piñurri nos protege, lo del barro es llevadero.
Salimos a un cortafuegos de la conducción de gas Bermeo-Lemona que tiene una pendiente corta pero intensa. El asunto barro va incrementando su presencia. Ah! Y por supuesto sigue lloviendo. Empezamos a hacer equilibrios, con una mano en el bastón y la otra en el paraguas, como si fuésemos funámbulos.
Cuando se desvía el gaseoducto, debido a una mala interpretación de las instrucciones de ruta, tiramos a la derecha en vez de tirar derechos. Desde aquí el andar es una pequeña tortura porque el protagonista, de color chocolate con leche con ligeros toques de arcilla rojiza, nos acompañará hasta la cumbre con pocas posibilidades de escapatoria porque es imposible usar los “arcenes” ya que están llenos de maleza. Las sacas, entresacas y matarrasas son el terror del montañero cuando llueve o ha llovido.
Estamos en el Bizkargi (565m.) a eso de las 12 y menos mal que en la ermita de Santacruz nos podemos proteger para tomar el amaiketako en seco. Todo alrededor está cubierto por la bruma que producen las nubes bajas así que, como no se puede ver nada, en un cuarto de hora reemprendemos el descenso con el pensamiento fijado en mantener el equilibrio.
A la postre no ha sido tan grave ya que utilizamos otro camino que atraviesa un pinar que lleva sin problemas justo en el punto en que antes hemos dejado el gaseoducto.
A partir de ahora la cosa vuelve a ser más cómoda y aunque nos despistamos un poco de la ruta, el guía alfa nos reconduce, firme pero amablemente, hasta llegar otra vez al asfalto que lo cogemos con gusto. Es ya la una y cuarto.
Prácticamente sin lluvia y lógicamente con más visibilidad llegamos a los coches en media hora. Como el pórtico lo tenemos abierto nos podemos cambiar sin sujetar el paraguas porque oh! sorpresa, se ha puesto a llover otra vez.
Comemos en el batzoki de Sondika cuyo cocinero o chef es hijo de uno de los jubiltaldeos presentes con lo cual está todo dicho por la cuenta que le tiene (al hijo).
La comida, de estilo casero y de raciones abundantes, satisface plenamente al personal como lo demuestra el hecho de que las antenas de este cronista no registrasen ninguna queja.
Durante el almuerzo y sobremesa se tratan variados temas entre los que se encuentran diversas ideas que se expondrán y serán sometidas a debate en la Asamblea anual que se celebrará, en única convocatoria, el próximo día 20 en que celebraremos el 7ºaniversario del nacimiento de Jubiltaldea.
Para las 6 estamos en casa y en cuanto a los pronósticos para hoy algo le ha debido de pasar a la borrasca durante la noche porque hemos tenido el día prácticamente pasado por agua.
Se escribe esta crónica en Algorta el 12 de Enero de 2011 aplicando las nuevas reglas de la ortografía española.
OTRO SI
Me indican los insumisos que fueron andando el pasado martes desde Arrigorriaga que su destino no fue Etxebarri , como en principio estaba previsto, sino que llegaron a Bolueta.
Queda dicho porque es de justicia decirlo.
11/01/2011
Alrededor de las 9,15 vamos llegando 11 jubiltaldeos al batzoki de Larrabetzu. Después del café y de asegurarnos de que estábamos todos, ni uno más, ni uno menos, nos dirigimos en los coches al barrio de Goikolegea o Goikolexea aparcando junto a la iglesia juradera de San Emeterio y San Celedonio.
La temperatura es buena y no hace viento pero llover vaya que si llueve aunque confiamos ciegamente en Ana Urrutia y los modelos meteorológicos de EITB que para hoy han anunciado un día oscuro pero prácticamente sin lluvia, circunstancia que, por ahora no se está cumpliendo.
Como sigue lloviendo, el cura, que anda por allí, nos abre el pórtico de la iglesia para equiparnos. Salimos a las 10,15 con los paraguas abiertos.
Por carretera asfaltada, sin grandes cuestas, llegamos tras una hora escasa de marcha al barrio de Barrenetxe, punto donde muere el asfalto. Por ahora todo bien y el paraguas en intermitente con algún que otro chubasco moderado entre sirimiri y sirimiri.
Nada más dejar la carretera empezamos a catar, pero solo a catar, el barro. Al principio vamos por una campa que bordea un pinar hasta no nos queda más remedio que adentrarnos en él. Como el camino no está muy machacado y el piñurri nos protege, lo del barro es llevadero.
Salimos a un cortafuegos de la conducción de gas Bermeo-Lemona que tiene una pendiente corta pero intensa. El asunto barro va incrementando su presencia. Ah! Y por supuesto sigue lloviendo. Empezamos a hacer equilibrios, con una mano en el bastón y la otra en el paraguas, como si fuésemos funámbulos.
Cuando se desvía el gaseoducto, debido a una mala interpretación de las instrucciones de ruta, tiramos a la derecha en vez de tirar derechos. Desde aquí el andar es una pequeña tortura porque el protagonista, de color chocolate con leche con ligeros toques de arcilla rojiza, nos acompañará hasta la cumbre con pocas posibilidades de escapatoria porque es imposible usar los “arcenes” ya que están llenos de maleza. Las sacas, entresacas y matarrasas son el terror del montañero cuando llueve o ha llovido.
Estamos en el Bizkargi (565m.) a eso de las 12 y menos mal que en la ermita de Santacruz nos podemos proteger para tomar el amaiketako en seco. Todo alrededor está cubierto por la bruma que producen las nubes bajas así que, como no se puede ver nada, en un cuarto de hora reemprendemos el descenso con el pensamiento fijado en mantener el equilibrio.
A la postre no ha sido tan grave ya que utilizamos otro camino que atraviesa un pinar que lleva sin problemas justo en el punto en que antes hemos dejado el gaseoducto.
A partir de ahora la cosa vuelve a ser más cómoda y aunque nos despistamos un poco de la ruta, el guía alfa nos reconduce, firme pero amablemente, hasta llegar otra vez al asfalto que lo cogemos con gusto. Es ya la una y cuarto.
Prácticamente sin lluvia y lógicamente con más visibilidad llegamos a los coches en media hora. Como el pórtico lo tenemos abierto nos podemos cambiar sin sujetar el paraguas porque oh! sorpresa, se ha puesto a llover otra vez.
Comemos en el batzoki de Sondika cuyo cocinero o chef es hijo de uno de los jubiltaldeos presentes con lo cual está todo dicho por la cuenta que le tiene (al hijo).
La comida, de estilo casero y de raciones abundantes, satisface plenamente al personal como lo demuestra el hecho de que las antenas de este cronista no registrasen ninguna queja.
Durante el almuerzo y sobremesa se tratan variados temas entre los que se encuentran diversas ideas que se expondrán y serán sometidas a debate en la Asamblea anual que se celebrará, en única convocatoria, el próximo día 20 en que celebraremos el 7ºaniversario del nacimiento de Jubiltaldea.
Para las 6 estamos en casa y en cuanto a los pronósticos para hoy algo le ha debido de pasar a la borrasca durante la noche porque hemos tenido el día prácticamente pasado por agua.
Se escribe esta crónica en Algorta el 12 de Enero de 2011 aplicando las nuevas reglas de la ortografía española.
OTRO SI
Me indican los insumisos que fueron andando el pasado martes desde Arrigorriaga que su destino no fue Etxebarri , como en principio estaba previsto, sino que llegaron a Bolueta.
Queda dicho porque es de justicia decirlo.
domingo, 9 de enero de 2011
4-1-2011 TRAVESIA BEDIA-ARRIGORRIAGA
TRAVESIA BEDIA - ARRIGORRIAGA
04/01/2011

A las 9,42 tomamos el tren en Bolueta con destino a Amorebieta nueve jubiltaldeos supervivientes de enfermedades, de recuperaciones, de compromisos familiares, de perdidas en combate o simplemente de perdidos para la causa.
En Bedia dejamos el euskotren y para las 10 estamos iniciando la marcha con ciertas dudas pero con paso firme una vez interrogado hábilmente un lugareño que pasaba por allí.
Hoy no tenemos guía oficial y nos encontramos inmersos en una orfandad cartográfica y geográfica ya que el guía alfa, con profesionalidad y sentido de la responsabilidad nos ha remitido vía, correo e-lectrónico, un mapa que no había hijo de vecino que lo pudiese interpretar.
Con estos mimbres, por carretera asfaltada primero y por carretera hormigonada después, tras una hora de marcha de constante ascensión nada tendida, llegamos al barrio de Ereño.
El día está gris, sin mucho frío y a medida que cogemos altura vamos contemplando los valles cubiertos de bruma que, con algún tímido rayo de sol que intenta salir, empieza a disiparse.
A partir de aquí, desobedecemos al lugareño y en vez de tirar para abajo, tiramos hacia arriba, cosa lógica generalmente cuando se va al monte. Unos jóvenes en bici de montaña nos confirman nuestra cabezonería que queda rubricada porque, en vez de descender para coger la ruta correcta, seguimos adelante. Ahora el camino, que sigue subiendo pero con menos pendiente, está algo embarrado pero transitable.
En una especie de collado confirmamos nuestra posición con un ciclista quien nos aclara nuestra cercanía al Mandoia y más o menos el tiempo que nos llevará llegar hasta Arrigorriaga. Del pantano de Lekubasko y de la subida al Upo, sin noticias.
Esta conversación hace que uno de los componentes de la partida recupere parte de la información almacenada en su disco duro de una excursión pretérita por esta zona y con gran pundonor admite que le nombremos guía épsilon para llevarnos a destino.
A las 12, como estamos más o menos encauzados, hacemos la parada para el amaiketako que hoy ha sido un poco especial pues un jubiltaldeo ha llevado un albariño crianza con potente retrogusto en boca y otro ha aportado un cuarto de queso, sublime, adquirido en Santo Tomás. Nos ha fallado el suministrador del pan para haber estado en la gloria. A pesar de este extra, en un cuarto de hora seguimos la marcha.
Salvo una parte del camino con bastante barro, barro generado, como casi siempre, por las máquinas que intervienen en las talas, que por cierto hoy hemos visto varias aunque sólo nos ha afectado esta, el resto del “viaje” transcurre sin contratiempos graves en una sucesión de subidas y bajadas, lógicamente con predominio de estas últimas, por pistas de tierra y piedra hasta llegar a una granja de ganado vacuno.
A partir de aquí seguimos una pista de hormigón con pendientes bastante pronunciadas, que hacen que las piernas se resientan, hasta enganchar con la carretera que transcurre desde un polígono industrial a Zarátamo (guía épsilon dixit) para hacer entrada en Arrigorriaga por el puente sobre la carretera general, a las 2 de la tarde.
Nos tomamos un par de vinos, sin almendras oficiales, hasta que nos preparan la mesa. Previamente nos hemos adecentado un poco junto a la plaza del ayuntamiento donde hay una fuente que nos sirve para limpiar las botas.
La comida en el Poli es más que aceptable y ha estado amenizada con el resumen, y temas colaterales surgidos, que uno de los comensales nos hace de un libro sobre Kennedy que acaba de leer.
De camino a la estación se produce un desglose del grupo, totalmente controlado y anunciado, y 6 insensatos (al principio eran menos) toman la decisión de ir andando hasta Etxebarri, en contra del contenido del capítulo VI del “Manual del Caminante” que aconseja no andar mucho después de comer.
Los restantes, cogemos el tren de la las 5,05 y con el trasbordo en Abando, llegamos a las 6 a casa. Del resto no puedo decir nada porque no he sido testigo pero mucho me temo de que algo les llovió a tenor de los paraguas abiertos que veíamos desde el tren.
Y punto.
Se escribe esta crónica en Algorta el 5 de Enero de 2011, víspera de los Reyes Magos y día en el que nuestro Athleti se enfrenta en octavos al Barsa, con la esperanza, que es lo último que se pierde, de que entre la Amatxu de Begoña y San Mamés, hagan algún chanchullo y podamos eliminar de la Copa al mejor equipo del mundo.
04/01/2011
A las 9,42 tomamos el tren en Bolueta con destino a Amorebieta nueve jubiltaldeos supervivientes de enfermedades, de recuperaciones, de compromisos familiares, de perdidas en combate o simplemente de perdidos para la causa.
En Bedia dejamos el euskotren y para las 10 estamos iniciando la marcha con ciertas dudas pero con paso firme una vez interrogado hábilmente un lugareño que pasaba por allí.
Hoy no tenemos guía oficial y nos encontramos inmersos en una orfandad cartográfica y geográfica ya que el guía alfa, con profesionalidad y sentido de la responsabilidad nos ha remitido vía, correo e-lectrónico, un mapa que no había hijo de vecino que lo pudiese interpretar.
Con estos mimbres, por carretera asfaltada primero y por carretera hormigonada después, tras una hora de marcha de constante ascensión nada tendida, llegamos al barrio de Ereño.
El día está gris, sin mucho frío y a medida que cogemos altura vamos contemplando los valles cubiertos de bruma que, con algún tímido rayo de sol que intenta salir, empieza a disiparse.
A partir de aquí, desobedecemos al lugareño y en vez de tirar para abajo, tiramos hacia arriba, cosa lógica generalmente cuando se va al monte. Unos jóvenes en bici de montaña nos confirman nuestra cabezonería que queda rubricada porque, en vez de descender para coger la ruta correcta, seguimos adelante. Ahora el camino, que sigue subiendo pero con menos pendiente, está algo embarrado pero transitable.
En una especie de collado confirmamos nuestra posición con un ciclista quien nos aclara nuestra cercanía al Mandoia y más o menos el tiempo que nos llevará llegar hasta Arrigorriaga. Del pantano de Lekubasko y de la subida al Upo, sin noticias.
Esta conversación hace que uno de los componentes de la partida recupere parte de la información almacenada en su disco duro de una excursión pretérita por esta zona y con gran pundonor admite que le nombremos guía épsilon para llevarnos a destino.
A las 12, como estamos más o menos encauzados, hacemos la parada para el amaiketako que hoy ha sido un poco especial pues un jubiltaldeo ha llevado un albariño crianza con potente retrogusto en boca y otro ha aportado un cuarto de queso, sublime, adquirido en Santo Tomás. Nos ha fallado el suministrador del pan para haber estado en la gloria. A pesar de este extra, en un cuarto de hora seguimos la marcha.
Salvo una parte del camino con bastante barro, barro generado, como casi siempre, por las máquinas que intervienen en las talas, que por cierto hoy hemos visto varias aunque sólo nos ha afectado esta, el resto del “viaje” transcurre sin contratiempos graves en una sucesión de subidas y bajadas, lógicamente con predominio de estas últimas, por pistas de tierra y piedra hasta llegar a una granja de ganado vacuno.
A partir de aquí seguimos una pista de hormigón con pendientes bastante pronunciadas, que hacen que las piernas se resientan, hasta enganchar con la carretera que transcurre desde un polígono industrial a Zarátamo (guía épsilon dixit) para hacer entrada en Arrigorriaga por el puente sobre la carretera general, a las 2 de la tarde.
Nos tomamos un par de vinos, sin almendras oficiales, hasta que nos preparan la mesa. Previamente nos hemos adecentado un poco junto a la plaza del ayuntamiento donde hay una fuente que nos sirve para limpiar las botas.
La comida en el Poli es más que aceptable y ha estado amenizada con el resumen, y temas colaterales surgidos, que uno de los comensales nos hace de un libro sobre Kennedy que acaba de leer.
De camino a la estación se produce un desglose del grupo, totalmente controlado y anunciado, y 6 insensatos (al principio eran menos) toman la decisión de ir andando hasta Etxebarri, en contra del contenido del capítulo VI del “Manual del Caminante” que aconseja no andar mucho después de comer.
Los restantes, cogemos el tren de la las 5,05 y con el trasbordo en Abando, llegamos a las 6 a casa. Del resto no puedo decir nada porque no he sido testigo pero mucho me temo de que algo les llovió a tenor de los paraguas abiertos que veíamos desde el tren.
Y punto.
Se escribe esta crónica en Algorta el 5 de Enero de 2011, víspera de los Reyes Magos y día en el que nuestro Athleti se enfrenta en octavos al Barsa, con la esperanza, que es lo último que se pierde, de que entre la Amatxu de Begoña y San Mamés, hagan algún chanchullo y podamos eliminar de la Copa al mejor equipo del mundo.
martes, 28 de diciembre de 2010
28-12-2010 OKETA
UBIDEA-(casi) OKETA

Las previsiones meteorológicas auguran un tiempo diferente a los últimos días de semana pasada y desde que salimos de casa se cumplen, sol y subida de las temperaturas. Hacia la mitad del puerto de Barázar la nieve hace acto de presencia en las cunetas y no nos abandonará en toda la excursión.
Por un problema de logística, hoy nos perdemos el café, dado que en Ubidea están los bares cerrados y no hemos parado en el lugar habitual del alto de Barázar.
Tras los preparativos indumentarios, botas, polainas, gorros, guantes, etc., emprendemos la marcha pasando por el puente que está detrás del frontón y el nogal que nos suministra de nueces los otoños. El camino es una pista asfaltada que resulta peligrosa por el hielo, pero que poco a poco se va llenando de nieve y el andar se hace más fácil hasta llegar a una zona donde desaparecen las pisadas y la nieve está limpia, salvo huellas de animales, unos dicen que de jabalí por el surco tan uniforme, también hay huellas de caballo, corzo o lo que sean.
Metidos en un bosque donde no hay camino a la vista, el núcleo duro parece que amenaza con seguir hasta abandonar el bosque, también hay un amago de tirar “parriba” pero al fin prevalece el sentido común y damos la vuelta sin hacer cima, paramos para el refrigerio habitual de las frutas, frutos secos añadiendo un poco de turrón para celebrar las fiestas.
La bajada resulta muy cómoda a pesar de la nieve y sin caídas ni resbalones llegamos a los coches con tiempo para cambiarnos y tomar un caldo en el Batzoki, que se agradece porque a pesar de que el sol está presente, la temperatura a la sombra está que ni frío ni calor.
Igual que nos hemos quedado sin café, nos quedamos con las ganas de comer en el Templo que cierra hasta Reyes. En esa zona la alternativa es el Amorrortu en Lemona, donde habíamos reservado y mientras preparan la mesa nos tomamos un txakolí (no de Miranda). La comida en su línea más de primeros, pero sin descuidar a los segundos y de postre el
homenaje que nos hace la cocinera, Flan casero tradicional, nada de olla rápida.
Tertulia, cafés, copas y como es la última del 2010 Farias, ante la prohibición de fumar en las tascas a partir de la semana que viene. Ni que decir que la parte más extensa de la tertulia a tenido como tema lo de no poder fumar nunca más y como siempre nos quedamos solos en el comedor, decidiendo marchar para casita que la crónica no se escribe sola.
En ausencia de todos los plumillas, escribo esto en la parte alta de Bilbao, Santutxu, el veintiocho de Diciembre del 2010.
Las previsiones meteorológicas auguran un tiempo diferente a los últimos días de semana pasada y desde que salimos de casa se cumplen, sol y subida de las temperaturas. Hacia la mitad del puerto de Barázar la nieve hace acto de presencia en las cunetas y no nos abandonará en toda la excursión.
Por un problema de logística, hoy nos perdemos el café, dado que en Ubidea están los bares cerrados y no hemos parado en el lugar habitual del alto de Barázar.
Tras los preparativos indumentarios, botas, polainas, gorros, guantes, etc., emprendemos la marcha pasando por el puente que está detrás del frontón y el nogal que nos suministra de nueces los otoños. El camino es una pista asfaltada que resulta peligrosa por el hielo, pero que poco a poco se va llenando de nieve y el andar se hace más fácil hasta llegar a una zona donde desaparecen las pisadas y la nieve está limpia, salvo huellas de animales, unos dicen que de jabalí por el surco tan uniforme, también hay huellas de caballo, corzo o lo que sean.
Metidos en un bosque donde no hay camino a la vista, el núcleo duro parece que amenaza con seguir hasta abandonar el bosque, también hay un amago de tirar “parriba” pero al fin prevalece el sentido común y damos la vuelta sin hacer cima, paramos para el refrigerio habitual de las frutas, frutos secos añadiendo un poco de turrón para celebrar las fiestas.
La bajada resulta muy cómoda a pesar de la nieve y sin caídas ni resbalones llegamos a los coches con tiempo para cambiarnos y tomar un caldo en el Batzoki, que se agradece porque a pesar de que el sol está presente, la temperatura a la sombra está que ni frío ni calor.
Igual que nos hemos quedado sin café, nos quedamos con las ganas de comer en el Templo que cierra hasta Reyes. En esa zona la alternativa es el Amorrortu en Lemona, donde habíamos reservado y mientras preparan la mesa nos tomamos un txakolí (no de Miranda). La comida en su línea más de primeros, pero sin descuidar a los segundos y de postre el
homenaje que nos hace la cocinera, Flan casero tradicional, nada de olla rápida.
Tertulia, cafés, copas y como es la última del 2010 Farias, ante la prohibición de fumar en las tascas a partir de la semana que viene. Ni que decir que la parte más extensa de la tertulia a tenido como tema lo de no poder fumar nunca más y como siempre nos quedamos solos en el comedor, decidiendo marchar para casita que la crónica no se escribe sola.
En ausencia de todos los plumillas, escribo esto en la parte alta de Bilbao, Santutxu, el veintiocho de Diciembre del 2010.
jueves, 16 de diciembre de 2010
14-12-2010 PICO CERREDO
CERREDO
14/12/2010

Fresco, seco, con sol. Día magnífico para andar por el monte.
10 jubiltaldeos, 10, de lo mejorcito, nos juntamos en el bar restaurante Arenillas, en Islares, a las 9,30 para seguir el protocolo de rigor: saludos, conteo de efectivos, café y las últimas indicaciones sobre la ruta a seguir.
A las 9,50, hora del cronista, iniciamos la marcha desde una empresa de desguace que hay al otro lado de la autopista, donde también dejamos los coches.
Al principio por asfalto (poco), luego por pista de hormigón y más tarde por pista hecha con piedras, todo para arriba sin pausas, rodeados de eucaliptos y con algunos momentos en plan cartujo, es decir, sin hablar, llegamos a una especie de collado.
Mientras contemplamos el paisaje (Candina, la “ballena” de Sonabia etc.), dos disidentes aprovechan para hacer cima en una tachuela y de paso engrosar su ya dilatado palmarés montañero.
A partir de aquí, perdemos de vista al mar y nos desviamos a nuestra izquierda para seguir camino hacia el objetivo al que nos dirigimos por sendas de yerba y caminos entre argoma abiertos por el ganado, que ya debe estar estabulado porque no vemos más ejemplares que dos solitarios caballos. Subimos a una suave cresta rocosa con hayas raquíticas y peladas para pasar a la vertiente sur con más vegetación incluidos bastantes arbustos espinosos parecidos a los endrinos.
Durante esta subida hacemos una parada para ver el Puntal de Laredo, Treto, el Buciero, Noja y, con dudas por la bruma, Isla e incluso Ajo (según el propietario de un par de fincas urbana por la zona).
Descendemos hacia un par de refugios que tienen alrededor una plantación que podría ser de hayas o robles, debidamente protegidos con tubo de plástico, para volver otra vez a subir por una pista de yerba, con rodaduras de un todo terreno hasta llegar a un “valle suspendido” (licencia del autor en atención al guía alfa) con césped que para sí quisieran algunos equipos de fútbol, que lo atravesamos en suave pendiente hasta llegar otra vez a la vertiente norte con vistas a Castro, Serantes, Superpuerto, isla de Billano, Jata y si no fuese por la bruma, incluso a la plataforma de La Gaviota.
Zigzagueando entre las rocas, afortunadamente secas, y en algunos momentos ayudándonos con las manos por motivos de seguridad, llegamos al buzón y al vértice geodésico del Cerredo (643m.) a las 11,50.
Reponemos energías, nos hidratamos por dentro, sacamos la foto, debatimos, como casi siempre, sobre la ecología y el medio ambiente respecto al troncho de la manzana y transcurridos veinte minutos desde la llegada, iniciamos el descenso, al principio con precaución para evitar accidentes.
El camino de vuelta, hasta llegar otra vez al collado, discurre paralelo al de la ida pero más cercano al mar por una extensa ladera con argoma y helechos ya tumbados por haberse secado, unas veces siguiendo caminos hechos por el ganado y otras campo a través.
Tres componentes sufren aparatosas caídas, uno por tropiezo con una rama torticera y dos por meter el pie en el mismo agujero camuflado, pero sin más consecuencias que los pinchazos con la argoma en diferentes partes del cuerpo que no es necesario detallar.
Suavemente y haciendo acopio de ramas de eucalipto llegamos a los coches a la 13,40 p.m. Tenemos tiempo así que sin prisas nos ponemos decentes para ir a comer al restaurante Arenillas. Antes de sentarnos tomarnos el txakolí o el tinto según gustos, detalle de un jubiltaldeo que hace pocos días había celebrado el ser un año mayor.
La comida, menú del día a elegir entre un motón de primeros y otro montón de segundos, es abundante y desigual destacando por su contundencia los garbanzos con callos.
Debido a las restricciones en el comedor para poder fumar, y en atención de los adictos a este vicio a los que ya queda poco para practicarlo, los cafés, infusiones, copas y chupitos los disfrutamos, cómodamente sentados en el bar, charlando de nuestro Athleti, de la reunión del jueves en Bilbao para tomar unos vinos, recoger y pagar la lotería que un jubiltaldeo compra y siempre toca quedándose a comer si se tercia y, por supuesto, de los próximos proyectos gastronómico-montañeros perfectamente diseñados para poder acercarnos a los templos gastronómicos desatendidos desde hace tiempo y no vaya a ser que ya no nos conozcan.
Sin caravanas, para la 5 en casita.
Se escribe esta crónica, tratando de recoger fielmente el transcurrir del día, en Algorta (Getxo) a 15 de Diciembre de 2010.
NOTA P.S.
Ante la idea de ir andando a Bilbao, se enviará un correo con horario y ruta para que el que no quiera salir desde Berango se pueda incorporar in itínere.
14/12/2010
Fresco, seco, con sol. Día magnífico para andar por el monte.
10 jubiltaldeos, 10, de lo mejorcito, nos juntamos en el bar restaurante Arenillas, en Islares, a las 9,30 para seguir el protocolo de rigor: saludos, conteo de efectivos, café y las últimas indicaciones sobre la ruta a seguir.
A las 9,50, hora del cronista, iniciamos la marcha desde una empresa de desguace que hay al otro lado de la autopista, donde también dejamos los coches.
Al principio por asfalto (poco), luego por pista de hormigón y más tarde por pista hecha con piedras, todo para arriba sin pausas, rodeados de eucaliptos y con algunos momentos en plan cartujo, es decir, sin hablar, llegamos a una especie de collado.
Mientras contemplamos el paisaje (Candina, la “ballena” de Sonabia etc.), dos disidentes aprovechan para hacer cima en una tachuela y de paso engrosar su ya dilatado palmarés montañero.
A partir de aquí, perdemos de vista al mar y nos desviamos a nuestra izquierda para seguir camino hacia el objetivo al que nos dirigimos por sendas de yerba y caminos entre argoma abiertos por el ganado, que ya debe estar estabulado porque no vemos más ejemplares que dos solitarios caballos. Subimos a una suave cresta rocosa con hayas raquíticas y peladas para pasar a la vertiente sur con más vegetación incluidos bastantes arbustos espinosos parecidos a los endrinos.
Durante esta subida hacemos una parada para ver el Puntal de Laredo, Treto, el Buciero, Noja y, con dudas por la bruma, Isla e incluso Ajo (según el propietario de un par de fincas urbana por la zona).
Descendemos hacia un par de refugios que tienen alrededor una plantación que podría ser de hayas o robles, debidamente protegidos con tubo de plástico, para volver otra vez a subir por una pista de yerba, con rodaduras de un todo terreno hasta llegar a un “valle suspendido” (licencia del autor en atención al guía alfa) con césped que para sí quisieran algunos equipos de fútbol, que lo atravesamos en suave pendiente hasta llegar otra vez a la vertiente norte con vistas a Castro, Serantes, Superpuerto, isla de Billano, Jata y si no fuese por la bruma, incluso a la plataforma de La Gaviota.
Zigzagueando entre las rocas, afortunadamente secas, y en algunos momentos ayudándonos con las manos por motivos de seguridad, llegamos al buzón y al vértice geodésico del Cerredo (643m.) a las 11,50.
Reponemos energías, nos hidratamos por dentro, sacamos la foto, debatimos, como casi siempre, sobre la ecología y el medio ambiente respecto al troncho de la manzana y transcurridos veinte minutos desde la llegada, iniciamos el descenso, al principio con precaución para evitar accidentes.
El camino de vuelta, hasta llegar otra vez al collado, discurre paralelo al de la ida pero más cercano al mar por una extensa ladera con argoma y helechos ya tumbados por haberse secado, unas veces siguiendo caminos hechos por el ganado y otras campo a través.
Tres componentes sufren aparatosas caídas, uno por tropiezo con una rama torticera y dos por meter el pie en el mismo agujero camuflado, pero sin más consecuencias que los pinchazos con la argoma en diferentes partes del cuerpo que no es necesario detallar.
Suavemente y haciendo acopio de ramas de eucalipto llegamos a los coches a la 13,40 p.m. Tenemos tiempo así que sin prisas nos ponemos decentes para ir a comer al restaurante Arenillas. Antes de sentarnos tomarnos el txakolí o el tinto según gustos, detalle de un jubiltaldeo que hace pocos días había celebrado el ser un año mayor.
La comida, menú del día a elegir entre un motón de primeros y otro montón de segundos, es abundante y desigual destacando por su contundencia los garbanzos con callos.
Debido a las restricciones en el comedor para poder fumar, y en atención de los adictos a este vicio a los que ya queda poco para practicarlo, los cafés, infusiones, copas y chupitos los disfrutamos, cómodamente sentados en el bar, charlando de nuestro Athleti, de la reunión del jueves en Bilbao para tomar unos vinos, recoger y pagar la lotería que un jubiltaldeo compra y siempre toca quedándose a comer si se tercia y, por supuesto, de los próximos proyectos gastronómico-montañeros perfectamente diseñados para poder acercarnos a los templos gastronómicos desatendidos desde hace tiempo y no vaya a ser que ya no nos conozcan.
Sin caravanas, para la 5 en casita.
Se escribe esta crónica, tratando de recoger fielmente el transcurrir del día, en Algorta (Getxo) a 15 de Diciembre de 2010.
NOTA P.S.
Ante la idea de ir andando a Bilbao, se enviará un correo con horario y ruta para que el que no quiera salir desde Berango se pueda incorporar in itínere.
martes, 14 de diciembre de 2010
7-12-2010 SOLLUBE
SOLLUBE
07/12/2010
Hoy ha sido el día SIN: sin barro, sin guía, sin tesorero, sin CO2 y hasta sin socios fundadores.
Somos ocho jubiltaldeos rasos, uno de ellos en plan monitor, es decir, sin mochila.
A las 8,52 nos juntamos en Bolueta los que hemos venido en metro con los que han cogido el euskotren en Atxuri.
A las 10 más o menos llegamos a Bermeo después de un recorrido por parte del Duranguesado y la comarca de Busturialdea-Urdaibai con la ría de Guenika como protagonista principal y una vez tomado el café, sin más preámbulos, empezamos la marcha a las 10,20.
Al principio por aceras y luego por carretera vamos poco a poco cogiendo altura. Salvo alguna cuesta que nos exige algún esfuerzo y algún silencio, todo el trayecto transcurre con pendientes tendidas y siempre por carretera, o lo que es lo mismo, sin gota de barro lo que ha permitido, a los poseedores de información privilegiada, venir con deportivas de treking.
Nos desviamos hacia Mañu Auzoa y ya dejamos de ver el mar para, pasar al pino y eucalipto con ciertos toques de amarillos y ocres de unos cuantos robles y abedules desperdigados.
Algunas de las casas que tienen unas vistas espectaculares aunque claro está, hay que vivir allí y si te gusta tomar algunos potes la cosa se puede complicar.
A las 12,30 estamos en el Sollube, monte bocinero (683 m. y cuatropetecientas antenas para todo lo que funcione con ondas). Hace viento que pese a soplar del sur es fresco por lo que, al no haber mucho sitio donde refugiarse, comemos rápidamente el amaiketako mientras repasamos la orografía de Bizkaia y parte de Gipuzkoa ayudados por los paneles que allí se encuentran. Por supuesto no podía faltar la foto.
El descenso es por la misma ruta con las únicas diferencias de que ahora tenemos el mar de frente, que nos cruzamos con tres motorruidistas atronadores y que hacemos un pequeño desvío para ver el cementerio de Mañu en donde las lápidas tiene esculpida alguna figura que indica el oficio que en su día ejerció el difunto.
Entramos en el casco urbano de Bermeo a punto de dar las 2,30.
Tras una intentona fallida, terminamos en el Artza. Comemos un poco apretados pero comemos decentemente. Como todavía hay gente esperando para sentarse decidimos cambiar de aires para tomar el café y, si procediese, la copa. Lo hacemos en una terraza de la plaza en donde el tesorero en funciones, una vez pedida la cuenta, procede a liquidar los gastos del día, trance que resuelve, pese a los titubeos iniciales, con maestría.
Entre los temas tratados toma cuerpo el ir andando desde Berango hasta Bilbao para tomar los vinos el jueves 16. El martes se concretará horario y ruta por si alguno se quiere añadir en el camino.
Pillamos el tren a las 4,48 y para las 6 otra vez en Bolueta, tranquilos porque no hay que fregar las botas y satisfechos porque nos hemos portado muy bien sin mandos, circunstancia que ha sido muy comentada, por lo que creo que deberían coordinar sus vacaciones para que siempre hubiese un socio fundador de guardia que velase por el buen comportamiento cívico, deportivo y medioambiental del resto de los jubiltaldeos de a pie que, con gran responsabilidad, en algunos caso ejerciendo funciones fuera de convenio, hemos usado el transporte público (nada de CO2 a la atmósfera), hemos alcanzado el objetivo sin perdernos, el núcleo duro no nos ha atajado nada en todo recorrido, nos han salido las cuentas, tenemos fotos (paciencia que ya se colgarán en la web) y encima hemos sido lo suficientemente humildes y respetuosos como para no hacer una asonada contra la élite.
Sin más que añadir para la posteridad se escribe esta crónica en Algorta a 9 de Diciembre de 2010.
07/12/2010
Hoy ha sido el día SIN: sin barro, sin guía, sin tesorero, sin CO2 y hasta sin socios fundadores.
Somos ocho jubiltaldeos rasos, uno de ellos en plan monitor, es decir, sin mochila.
A las 8,52 nos juntamos en Bolueta los que hemos venido en metro con los que han cogido el euskotren en Atxuri.
A las 10 más o menos llegamos a Bermeo después de un recorrido por parte del Duranguesado y la comarca de Busturialdea-Urdaibai con la ría de Guenika como protagonista principal y una vez tomado el café, sin más preámbulos, empezamos la marcha a las 10,20.
Al principio por aceras y luego por carretera vamos poco a poco cogiendo altura. Salvo alguna cuesta que nos exige algún esfuerzo y algún silencio, todo el trayecto transcurre con pendientes tendidas y siempre por carretera, o lo que es lo mismo, sin gota de barro lo que ha permitido, a los poseedores de información privilegiada, venir con deportivas de treking.
Nos desviamos hacia Mañu Auzoa y ya dejamos de ver el mar para, pasar al pino y eucalipto con ciertos toques de amarillos y ocres de unos cuantos robles y abedules desperdigados.
Algunas de las casas que tienen unas vistas espectaculares aunque claro está, hay que vivir allí y si te gusta tomar algunos potes la cosa se puede complicar.
A las 12,30 estamos en el Sollube, monte bocinero (683 m. y cuatropetecientas antenas para todo lo que funcione con ondas). Hace viento que pese a soplar del sur es fresco por lo que, al no haber mucho sitio donde refugiarse, comemos rápidamente el amaiketako mientras repasamos la orografía de Bizkaia y parte de Gipuzkoa ayudados por los paneles que allí se encuentran. Por supuesto no podía faltar la foto.
El descenso es por la misma ruta con las únicas diferencias de que ahora tenemos el mar de frente, que nos cruzamos con tres motorruidistas atronadores y que hacemos un pequeño desvío para ver el cementerio de Mañu en donde las lápidas tiene esculpida alguna figura que indica el oficio que en su día ejerció el difunto.
Entramos en el casco urbano de Bermeo a punto de dar las 2,30.
Tras una intentona fallida, terminamos en el Artza. Comemos un poco apretados pero comemos decentemente. Como todavía hay gente esperando para sentarse decidimos cambiar de aires para tomar el café y, si procediese, la copa. Lo hacemos en una terraza de la plaza en donde el tesorero en funciones, una vez pedida la cuenta, procede a liquidar los gastos del día, trance que resuelve, pese a los titubeos iniciales, con maestría.
Entre los temas tratados toma cuerpo el ir andando desde Berango hasta Bilbao para tomar los vinos el jueves 16. El martes se concretará horario y ruta por si alguno se quiere añadir en el camino.
Pillamos el tren a las 4,48 y para las 6 otra vez en Bolueta, tranquilos porque no hay que fregar las botas y satisfechos porque nos hemos portado muy bien sin mandos, circunstancia que ha sido muy comentada, por lo que creo que deberían coordinar sus vacaciones para que siempre hubiese un socio fundador de guardia que velase por el buen comportamiento cívico, deportivo y medioambiental del resto de los jubiltaldeos de a pie que, con gran responsabilidad, en algunos caso ejerciendo funciones fuera de convenio, hemos usado el transporte público (nada de CO2 a la atmósfera), hemos alcanzado el objetivo sin perdernos, el núcleo duro no nos ha atajado nada en todo recorrido, nos han salido las cuentas, tenemos fotos (paciencia que ya se colgarán en la web) y encima hemos sido lo suficientemente humildes y respetuosos como para no hacer una asonada contra la élite.
Sin más que añadir para la posteridad se escribe esta crónica en Algorta a 9 de Diciembre de 2010.
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