13-10-26 SAIBIGAIN DESDE ZUMELTZA
Este martes la previsión del tiempo es buena y nos juntamos cinco caminantes en el bar Baltzola, de Dima, para el café mañanero. Sin más, seguimos en los coches hasta el área de Zumeltza, junto al antiguo aeródromo. Parece que hay movimiento de cazadores al paso, pero están recogiendo.
Iniciamos el camino a las 10 y 10 por pista de tierra, ancha, que cruza un magnífico bosque de coníferas y enseguida la ruta se empina un poco en franco ascenso. Pasamos junto al caserío Arkaola, bastante deteriorado. Más adelante, en un crucero, tomamos la dirección a Urkiola, y la pista se convierte en sendero, bien marcado, pero en marcado ascenso. Parando de vez en cuando para ver el paisaje y coger aliento llegamos a una pista ancha, de tierra, que va hacia la derecha, a Urkiola, que tomamos y nos permite coger aire y comentar asuntos varios.
Después de llanear durante un largo trecho, tomamos ya dirección hacia la izquierda en un cruce marcado, para afrontar ya en otro viraje a la derecha la campa final hacia la gran cruz del Saibigain, 946 metros.
En la cumbre pastan algunos caballos y hay algún que otro caminante. Es la hora del ángelus y aprovechamos para comer la manzana y disfrutar de las inmejorables vistas que tiene este monte, 360º de visibilidad. Distinguimos un pequeño humo en la vaguada hacia la zona de Akalarra, pero unos montañeros que vienen de allí nos dicen que son unos tocones que están quemando y que está controlado.
Iniciamos el descenso, bastante acusado, precisamente hacia la zona de donde provenía el humo, pero antes de llegar nos desviamos en un crucero señalizador hacia la izquierda, hacia Zumeltza, de donde salimos a la mañana. El descenso ahora es más tendido y se camina sin dificultad por zonas boscosas.
En el entretanto se había reservado mesa en el restaurante Korostondo, ya conocido de otras veces y la visión de la cerveza fresquita nos hizo más llevadero el camino hasta los coches.
Ya en el restaurante, tomamos el aperitivo en unas mesas en el exterior del caserío. El comedor estaba lleno, por lo menos el comedor donde nos instalamos. Las viandas del menú sensacionales, buenas raciones, acompañadas como es clásico, por el huevo frito y patatas fritas.
Aprovechamos para comprar una hogaza de pan que hacen aquí y regresamos sin más a casa.


