jueves, 22 de octubre de 2009

ALTO DEL PANDO 20-10-2009

MONTE PANDO


Hoy casi rompemos un principio estatutario básico: por poco nos quedamos sin comer.
Sin prisas y sin madrugar nos vamos, pasado Godexola hasta el aparcamiento de Irazagorria, unos con cafeína en vena y otros a secas. Por caminos conocidos, de nuestra visita del año pasado, iniciamos la ascensión abandonando al poco tiempo la zona asfaltada para meternos en un bosque de confieras que nos acompaña durante todo el día.
La cantidad de caminos y senderos y el precoz avistamiento de níscalos nos despistan en ocasiones, pero los orientadores están atentos y con pequeñas dudas y reuniones breves del sanedrín vamos cogiendo altura en la dirección adecuada.
Llegamos pues sin muchos líos a la cima del monte Pando y en ella descansamos y comemos el amaiketako.
El descenso se inicia con el guía alfa en cabeza y el resto del grupo entretenido en la recogida de setas.
El tiempo pasa y el conductor del grupo parece ligeramente preocupado por lo que aumenta el ritmo de marcha.
En un momento determinado pasamos por la ermita de Santiago y nos vamos orientando dentro de la multitud de senderos. La cosa se lía y llegados a un punto entendemos que vamos mal y retrocedemos.
Tras andar y andar, más de lo necesario, acabamos cayendo a un estrecho valle sin ver por ningún lado la carretera que nos llevaría al parking.
El guía considera que tenemos que ir a la izquierda y después de andar un buen rato nos topamos con la casa torre Urdangi donde preguntamos por nuestro destino. Error de bulto, es la conclusión que sacamos de las respuestas recibidas de unas damas asomadas al balcón. Vuelta atrás y a seguir caminando por donde habíamos venido. El tiempo pasa y un paisano nos indica un teléfono de un restaurante. Llamamos y nos dan una hora máxima. El tiempo se agota y no llegamos, así que volvemos a llamar para anular la reserva.
Salimos por fin a la carretera general. Por ella y con cierto riesgo nos dirigimos hacia el aparcamiento, previa consulta a una señora asomada a una ventana sobre la dirección a seguir.
Una avanzadilla va primero hasta el bar-restaurante La Torre (creo), el mismo donde habíamos llamado y nos habían anulado la reserva por pasarnos de la hora y tras arduas negociaciones consiguen que nos den de comer.
El sitio es un poco lúgubre, como de bar de pueblo de los de antes, y la mesera nos atiende con una cara de perro de las que hacen época: sin duda la hemos hecho una putada al tenerse que quedar a servirnos.
Según opinión del contable, y dado el lugar y las “instalaciones”, nos han “sancionado” por nuestra llegada a horas intempestivas, pero de lo malo, malo hemos comido así que la sobreprima se asume sin sacar nuestra vena de jubilados.
Salimos a la calle y el “micólogo” nos suelta un rollo sobre las diferentes setas recogidas, para acabar su disertación como siempre: ésta tirar.
Repartidas las setas y unos racimos de uva traídos también por el micólogo desde La Rioja damos por finalizada la jornada y nos volvemos a casita, cansados y cargados de viandas.

Y para que conste escribo esta crónica en Las Arenas a veinte de Octubre de 2009


Las fotos como siempre en http://picasaweb.google.com/Jubiltaldea

jueves, 15 de octubre de 2009

OTXANDIO-ALTUNGANA-OTXANDIO

ENTRE OTXANDIO Y BARAZAR


Fracaso total y éxito total. Sugerente comienzo, para un día también sugerente.
El guía alfa nos falla. El suplente nos viene con un libro de montes de la época de Prim, que ya en otras ocasiones nos ha dado problemas. El responsable de logística no ha hecho los deberes previos… ¡desastre total!
Nos encontramos y rejuntamos en Barazar en el bar habitual. Después del cafelito nos vamos hasta Otxandio y llegados al pueblo tenemos que preguntar: nos hemos pasado de frenada. El campo de fútbol del Vulcano, lugar de referencia para el inicio de la andadura, está antes de la entrada del pueblo. Por fin lo localizamos. Salimos de los coches y… no sabemos seguir. Preguntamos a un jubilado BBVA que encontramos y nos da una ligera orientación. Seguimos andando y a los diez minutos estamos convencidos de que vamos mal. Vuelta atrás y a buscar referencias indicadas en el libro. Por fin vemos el río Montevideo y nos confiamos de ir por el buen camino (y va sin segundas).
La andadura continúa por un paraje boscoso y tranquilo donde, además, la falta de pendientes pronunciadas hace el caminar más llevadero. Mientras avanzamos los seteros van buscando setas y algunas encuentran (de las comestibles, de las desconocidas hay por miles).
El bosque, unas veces de cipreses, otras de pinos y excepcionalmente de hayas nos cobija con su sombra. Hace un día magnifico de temperatura, cielo azul y atmósfera limpia. En los pocos trozos de claros con los que nos topamos nos detenemos a disfrutar de las vistas: Gorbea y su cruz por un lado y Amboto y sus farallones por el otro.
El paseo sigue siendo agradable y hacia las doce y media nos damos cuenta de que vamos fatal y nuestro objetivo de hoy (el monte Altungana) vete a saber donde coño está. Lo del título de la crónica es porque llegados a este punto un cartel indica que Barazar está a tiro de piedra.
Buscamos un claro para descansar y desde la altura en la que nos encontramos podemos disfrutar del valle que se extiende a nuestros pies y de la mole rocosa del Amboto.
Recuperadas las fuerzas y para evitar males mayores volvemos por donde hemos venido. El descenso-regreso se nos hace más corto y a las dos y poco ya estamos en los coches.
Cambiados y aseados vamos a nuestro segundo objetivo: el templo gastronómico de Ubidea.
El de logística no se había enterado de que tenía que haber llamado previamente para ver si tenían boletus y nos tememos lo peor. Por suerte la cosa se arregla y sin previo aviso, nada más sentarnos a la mesa, nos sirven unos revueltos de hongos que están de muerte.
Del resto de platos y viandas no digo nada nuevo: magnifico en cantidad, calidad, servicio y atención. El restaurante Urbide y Josune en particular nos tratan de diez.
Salimos como siempre los últimos y nos vamos hasta la quesería, en busca de quesos, pero está cerrada. Volvemos al pueblo y ahora nos metemos con los nogales y las nueces. Recolección provechosa y final feliz.
Todo lo contado hasta ahora puede ser una simple recreación literaria, ya que para redondear el día debo decir que el equipo de “audiovisuales” ha fallado a la cita en su totalidad (titular y suplentes) y por tanto no vamos a contar con documento gráfico que certifique lo narrado y sucedido.
Como se ve fracaso total y éxito total. No hacemos nada de lo previsto pero hemos pasado un día muy agradable, con un paseo de los que apacigua el espíritu y con, finalmente, degustación de hongos. Éxito total por tanto.
Y sin más y con muchos planes para próximas semanas nos volvemos a casa felices como perdices.

Y para que conste escribo esta crónica en martes y trece en este caso de octubre de 2009

miércoles, 7 de octubre de 2009

Balmaseda-La Garbea-Balmaseda

BALMASEDA – MONTE LA GARBEA – BALMASEDA



Viento sur, sol y treinta grados. Malas condiciones para el montañismo y el esfuerzo, digo yo.
Con estas premisas los de costa rica (la parte más rica) nos vamos en coche y el resto se van en tren al punto de encuentro.
Llevo tiempo lanzando mensajes sutiles sobre nuestra marcha, lenta e inexorable, hacia la vejez en su sentido más cruel y ayer algo pasó en este sentido. Los jubiltaldeos, viajeros del tren, llegaron a Balmaseda y no supieron o pudieron bajarse, salvo dos, y tuvieron que seguir hasta el apeadero que hace de fin de trayecto: cosas de la edad, sin más.
Reagrupados todos los componentes del grupo y con el objetivo a la vista comenzamos a caminar por las calles del pueblo. A las afueras del mismo un mecánico de un taller nos hace gestos, sin haberle dicho nada, de la dirección a seguir. Lo cierto es que no era la buena, pero sí valida en primera instancia.
Seguimos andando. soportando ya el calor, y un par de aventureros en lugar de seguir por el camino marcado se lanzan directos y en perpendicular hacia las antenas de la cumbre. Estas cosas también algún día pasarán factura pero ellos sabrán.
A veces al sol y a veces a la sombra seguimos ascendiendo y sudando, comprobando que lo que parecía próximo no lo estaba tanto. Dos horas casi nos cuesta llegar a las antenas del monte La Garbea situadas a 747 metros de altitud, más o menos.
Tras el refrigerio y un breve descanso comenzamos el descenso oyendo a algunas mentes calenturientas, nunca mejor dicho, ideas descabelladas sobre por donde acometerlo. Felizmente surge la cordura y el buen hacer aunque el guía alfa sin dar explicaciones se lanza a tumba abierta llevándonos a los demás casi al trote.
Por la zona de Pandozales vamos dejándonos caer camino de Balmaseda recogiendo media docena de hongos que servirán de aperitivo en casa del cronista.
El tiempo apremia y los atajos se hacen necesarios llegando así y todo, casi a las tres menos cuarto a nuestro destino.
Buscamos rápidamente un restaurante, en un pueblo casi desierto, y sin muchas opciones entramos en el bar-restaurante Los Gemelos.
La comida, por siete euros, de las de batalla aunque suficiente. Salimos tarde, tras la tertulia hoy muy técnica: CDS, DVDs, TDTs… y económica: inversiones, pasta gansa que se llevan los banqueros…, y nos encontramos con el cielo cubierto y una ligera brisa.
Los del coche se van al coche y los del tren al tren. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Y para que conste escribo esta crónica en Las Arenas a 6 de Octubre de 2009

PARQUE DE SOMIEDO 22/25-9-2009

PARQUE NATURAL DE SOMIEDO (Reserva de la Biosfera)

22, 23, 24 y 25 de SEPTIEMBRE de 2009


Con un tiempo fenomenal, predicciones meteorológicas favorables y muchas ganas nos juntamos el coche A y el coche B en la rotonda de Artaza a las 10 de la mañana.

Somos ocho jubiltaldeos y el objetivo es el parque natural de Somiedo en Asturias patria querida para disfrutar de casi 4 días de convivencias montañero-gastronómicas.
Salvo una parada para el cafecito que nos coincide pasado Torrelavega, más o menos a la hora del Ángelus, el viaje transcurre sin novedad atravesando los diferentes tonos verdes de Euskadi, Cantabria y Asturias aderezado con menciones, recuerdos y anécdotas, amén de algún que otro peregrino, sobre el Camino de Santiago.

Para las 2 estamos en Pola de Somiedo después de 38 km. de carretera de montaña con sus curvas al uso y siguiendo el curso del Pigueña y luego del Somiedo que da el nombre al parque. Pese a los anuncios de precaución ante la posibilidad de toparse con osos, no tenemos la suerte de encontrarnos con ninguno. Hemos dejado ya el pino y el eucalipto para pasar al haya, roble, etc. etc.

Vamos directamente a un bar, El Urogallo, en el que entre culín y culín de sidra se le interroga hábilmente a la cantinera que nos sabe vender el producto así que nos quedamos a comer in situ sin hacer más averiguaciones.
Comida asturiano-catalana a base de un rotundo pote asturiano, crema de marisco, crema de verduras y espinacas con queso que, siguiendo nuestras costumbres, compartimos amigablemente. El segundo plato de codillo, bacalao con pisto, chuletillas de cordero y chosco (dos raciones de cada) que también nos lo repartimos.
Resultado final: Hasta las cartolas.
Postre, cafés y chupitos. Antes de pagar se procede al sorteo de las habitaciones, respetando ciertas características personales que aconsejan habitación no compartida.

Para aligerar peso damos una vuelta por el pueblo, nos ilustramos en el centro de interpretación del parque y compramos pan para los bocatas de mañana ya que a donde vamos a pernoctar, el panadero no llega hasta las11 de la mañana.
Nos quedamos, por ahora, sin saber en qué consiste la rifa de “la ramera”, uno de los actos centrales de las fiestas.

Como se nos acaba el pueblo, ya hemos cogido abundante información oral y escrita de la zona que patearemos y va para largo lo de la digestión, decidimos subir al Valle del Lago, pueblo al que pertenece el barrio de El Auterio donde además de terminar la carretera después de 8 Km de cerradas y empinadas curvas, tomamos posesión de la casa de aldea “La Corona”, a media pensión y a 1.300 m. de altitud.

Es pronto así que damos un paseo de casi hora y media por los alrededores para tomar contacto con el fabuloso paisaje arbóreo y vacuno hasta una especie de miradores desde donde contemplamos una parte del parque, de acceso restringido y siempre con la esperanza de apreciar la famosa berrea que por estas fechas está en su apogeo. De todas maneras, salvo algún mugido potente procedente de ganado vacuno, no vamos a poder oírlo en todo este tiempo ya que no nos encontramos en el lugar idóneo.
La cena no, sin antes saborear la sidriña, con artilugio eléctrico para su escanciado, es frugal, casi monacal. Nadie tiene ganas de hacer excesos salvo un par de valientes que cierran el día con un exquisito arroz con leche para tapar huecos.
A las 23,11 ha empezado oficialmente el otoño que nos coge, antes de ir a la cama dándonos un paseo para contemplar el cielo, totalmente despejado, tanto de nubes como de la contaminación lumínica. Los más resistentes a la tortícolis fueron capaces de ver alguna estrella fugaz, la vía láctea y alguna que otra constelación.

MIÉRCOLES

A las 8,18 con puntualidad de la NASA, todos desayunando y a las 9,15 iniciación de la marcha.
El tiempo es magnífico y el espíritu alegre y combativo.
Tomamos dirección del Lago del Valle pero pronto nos desviamos y empezamos a coger altura. Las hayas, que ya empiezan a coger colores ocres, y los avellanos silvestres, estos últimos al borde de las pistas, dejan paso al Serbal del Cazador, árbol de frutos o semillas rojas, similar al del acebo también propio del parque.
Divisamos algunos rebecos recortándose en la cima de una peña.
Cuando superamos la cota de los 1.500-1.700 m. empieza a desaparecer cualquier vestigio de vegetación arbórea para dar paso al matorral, principalmente el llamado escoba que se aprovecha para la techumbre de las cabañas llamadas teitos, y posteriormente a la hierba o pasto de montaña (braña). Dejamos a la derecha unos montes con gran parecido al duranguesado por el tipo de montaña abrupta y caliza, que más tarde se repetiría en el Orniz y demás compañeros de cadena.
Oteamos en un estrecho valle el pueblo de Cueta, ya en León, y tras una empinada cuesta llegamos a un valle suspendido (en terminología técnica del guía alfa) que a este cronista más que valle le pareció un trozo de tierra mas o menos plano puesto ahí para relajar un poco las piernas. Paramos poco salvo para dar algún trago de agua y hablar por teléfono puesto que la cobertura aparecía y desaparecía caprichosamente y había que aprovechar para responder a las llamadas perdidas.

Dejando a la derecha el pico Cuetalbo tiramos en línea recta hacia nuestro objetivo: Peña Orniz (2.196 m.) animados por la presencia en la cumbre de un grupo de murcianas (producto del mal de altura) que resultaron ser un grupo de jubilados de ENSIDESA con los que íbamos contactando en diversas oleadas según era la travesía que estaban haciendo.
La subida hasta la cumbre resulta un poco dura tanto por la pendiente como por el piso, con piedra suelta mezclada con tierra. En la cumbre hacemos avituallamiento, fotos, admiramos el paisaje y cambiamos impresiones con los el núcleo duro de los de ENSIDESA que venía de hacer parte de la crestería.
La bajada la hacemos prestando mucha atención para evitar caídas y/o torceduras. Se cansa uno menos que en la subida pero las rodillas aguantaron lo suyo.
Esta vez si que, a lo lejos, vemos una buena manada de rebecos que corren en dirección opuesta. De darles pan como a las vacas, ni hablar
Iniciamos el camino de regreso en dirección al Lago del Valle y como ya nos han dado las 2,30 paramos para comer. Sin mesa ni sillas ni mantel y casi, diría yo, sin apetito. El sitio no era el más idóneo y un poco incómodo ya que cualquier cosa que quisiésemos compartir (vino, comida, navaja etc) exigía que alguien se levantase para proceder a su distribución y no estábamos para trotes.
Después de hora y media de seguir bajando llegamos al Lago del Valle, precioso, con isla en medio, su cabaña con teito con correspondiente aprisco en uno de sus lados. Descansamos un rato, el tiempo suficiente para que el que quiso echase una cabezadita a la sombra tumbado en el mullido pero húmedo suelo.
A partir de este punto el camino se abre y ya es una pista por la que se puede transitar cómodamente.
Terminamos el periplo a las 6, sentados en el bar con unas cervezas frescas, comentando las incidencias del día, de si la víbora de Seoane (erudición de un jubiltaldeo que la había visto en un libro sobre el parque) estaba muerta o sólo fingía y contemplando el farallón que tenemos enfrente y por el que mañana tendremos que subir bien sea por un lado u otro según nos encontremos físicamente lo que en lenguaje montañero sería por la directa o por la tendida.
Después de la ducha y un poco de relax nos vamos a cenar para lo que contamos con sopa de cocido con fideos, pote asturiano y huevo(s) frito(s) con patatas y picadillo. Después del éxito de ayer más gente se apunta al arroz con leche.
Con el chupito en la mano bajamos al bar donde nos quedamos a ver el Getafe-Valencia hasta que aparece sobreimpreso en la pantalla que al Athletic en el minuto 89 le han metido el 1-0 el Tenerife.
Entre el cabreo y el cansancio hoy no hay contemplación de la bóveda celeste.

JUEVES

Mismo horario que ayer y mejor tiempo, si cabe.
Tenemos una baja causada por una especie de gastroenteritis que afortunadamente para la cena ya ha remitido.
Seguimos el camino de ayer durante unos 20 minutos hasta el cartel que nos avisa la ruta hacia los lagos de Saliencia. El guía ha elegido la ruta tendida por lo que la ascensión no nos machaca y podemos admirar el paisaje desde el punto de vista opuesto al de ayer.
Al terminar el farallón, nos encontramos, esta vez sí, con un valle suspendido, la Vega de Camayor, bastante llano, con hierba mullida algo amarillenta por la sequía, cantidad de vacas y un todo terreno de los pastores que estaban, suponemos, tomando el amaiketako. Parada para reponer fuerzas y seguimos hacia los lagos que contemplamos desde lo alto sin bajar hasta sus orillas. Primero el de Cerveriz luego el de Calabazosa, donde nos avituallamos también, y finalmente el de La Cueva cerca del parking al que se llega por la carretera de Saliencia al alto de la Farrapona. En el pasado existieron minas de hierro.

Emprendemos el regreso, hoy volvemos por el mismo camino de la ida, parando para comer, esta vez con algo parecido a una mesa pero sin sillas, después de sobrepasar un pequeño altozano. Siempre es mejor no hacer, pudiendo, esfuerzos con el estómago lleno.
Alguien dice que ha visto un rebeco pero yo creo que era una vaca.
Como andamos muy bien de tiempo, hoy la excursión tiene categoría de paseo, aprovechamos para echar una siesta que no todos lo logran pues empezamos a novelar sobre las razones de una misteriosa reunión de los pastores que habíamos visto a la mañana con otras dos personas que aparecieron, mientras sesteábamos, por direcciones distintas, una con un perro y la otra casi corriendo. ¿Cogido in fraganti por abandono del puesto de trabajo? ¿Veterinario porque iba a parir alguna vaca? ¿Problemas con los cuatreros?. Nuestra imaginación no tuvo límites haciendo múltiple cábalas. Los prismáticos no nos servían de nada porque carecíamos de micrófonos. Ver si veíamos pero oír na de na.
Al final todos se reunieron a la sombra del todo terreno y hasta aquí sólo puedo contar.
El descenso del farallón, por la misma ruta lo hacemos tranquilamente, viendo el Llago del Valle, el Orniz y sacando fotos pero eso sí, procurando no tropezar.
A las 5, minuto arriba minuto abajo, estamos tomando la cervecita mientras descansamos un poco antes de ir a la ducha.
Nuestro amigo se encuentra mejor pero sigue un poco tocado tanto física como moralmente por la rabia que le da el haberse tenido que quedar en dique seco.

Antes de cenar y sin un líder que tome el mando, damos una vuelta, sin rumbo fijo, que si por aquí, que si por allá; que si patatín, que si patatán de manera que para cuando nos damos cuenta estamos con los culines de sidra mientras nos dan paso para subir al comedor.
Puré de verduras y merluza al horno con patatas panadera y por supuesto, más arroz con leche.
Chupito y a la cama. A un par de astrónomos recalcitrantes les da por lo de la bóveda pero duran poco porque hoy la temperatura es mucho más baja que en días anteriores.

VIERNES

Hoy hace más fresco y como tocan retirada hemos quedado para desayunar un poco más tarde para poder hacer las maletas.
El parte médico no contiene bajas ni gástricas ni musculares de lo cual nos congratulamos todos.
Pedimos la factura y pagamos después de que las cuentas hayan salido a la primera, circunstancia que no nos debe extrañar dada la pericia y veteranía adquirida por el tesorero tras unos años de zozobra.

Para la 10 estamos otra vez en Pola de Somiedo para hacer alguna compra de productos típicos y sin café ni nada tomamos rumbo a Ribadesella con una parada para el cafelito del ángelus.
Nos desviamos hacia el pueblo de Cuevas cuya característica peculiar es la entrada que se hace a través de un túnel que en realidad es una cueva, la Cuevona, con todos los requisitos para ser considerada como tal, es decir, con sus estalactitas y estalagmitas incluida la iluminación típica de las que están abiertas al público. Recorremos el pueblo, que se acaba enseguida y a comer a Ribadesella. Lo hacemos en un restaurante tomado al azar pero sin méritos para incluirle en la lista de templos gastronómicos de la famosa guía Jubiltaldea.
Un paseo hasta la desembocadura del Sella y como despedida un chupito en la terraza de un bar donde de paso cerramos y ajustamos los flecos que quedaban de la parte económica.

Llegamos a casa pasadas la 7, sin problemas.

Esta crónica podría haber sido más corta o más prolija. He intentado que sea un término medio, lo suficiente para que con su lectura y con las fotos sirvan para recordar, personalmente a cada uno, aquello que ha contemplado y ha vivido en estos cuatro fenomenales días de convivencias.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Martes 29, Ugao-Miravalles-Artanda-Arrigorriaga


MIRABALLES – MONTE ARTANDA – ARRIGORRIAGA


Superada la dura prueba, de los más intrépidos, por tierras asturianas empezamos hoy las excursiones normales y semanales del nuevo curso. Y recalco lo de normales, para que no se nos olvide en el futuro
El guía alfa, muy considerado, nos prepara una cosa sencilla para que no nos atragantemos: no necesitamos madrugar, no usamos los coches, el desnivel a superar es poco más de cuatrocientos metros y la duración de la marcha no llega a cuatro horas. ¡Guay!
Llegamos a Miraballes hacia las diez y cuarto y tomamos un café atendidos por un mesero realmente cachondo y bromista.
Comenzamos a andar pasando el puente que cruza el río Nervión cogiendo una carretera, a la izquierda, asfaltada y con cierta pendiente.
Terminado el asfalto nos adentramos por caminos en medio de un bosque de pinos pasando por diferentes barrios y grupos de caseríos, haciendo una breve parada en la ermita de San Blas. Un día más hacer mención a lo cuidado de la mayoría de los caseríos que nos encontramos por el camino.
Con algunas dudas, como siempre, pero sin grandes problemas gracias a los “orientadores” llegamos al claro final próximo a la cima del Artanda. Txampa final de dura pendiente y con la boca abierta por el esfuerzo llegamos a nuestro destino.
En su geodésico, situado a 554 metros reponemos fuerzas y tras un breve descanso iniciamos el descenso. El de hoy es también sencillo y por el camino visitamos la ermita de San Segismundo.
Sin agobios pero bastante acalorados y sudados llegamos a Arrigorriaga y sin demora buscamos un lugar apartado para cambiarnos de indumentaria: nuestros cuerpos no están ya para exhibiciones.
Limpitos y aseados visitamos el batzoki, nos tomamos un refrigerio y sin más nos vamos al restaurante Poli ya conocido de una visita anterior.
La comida sin nada destacable y la tertulia como siempre larga y entretenida. Nos quedamos los últimos y toca abandonar el local.
Con un sol de justicia vamos a la estación del tren y cuando llega los cogemos para volver a Bilbao y algunos seguir en el metro hasta nuestra casita.

Y sin más escribo esta crónica en Las Arenas a 29 de Septiembre de 2009

jueves, 17 de septiembre de 2009

Martes 15 de Setiembre Gobela-Gorliz

Son las 10,45. Estación del metro en Gobela.
Temperatura agradable, predicción meteorológica preocupante, en plan de gota fría y tal, situación atmosférica a esa hora: normal.
Nos juntamos nada menos que ocho jubiltaldeos con ánimos irredentos de llegar hasta Górliz.

Como no hay bares a la vista, no se siente tanto la necesidad así que empezamos a andar sin más preámbulos que los salutatorios después de un verano sin vernos.
El paseo, pues hoy está calificado como tal, transcurre por zonas de Getxo que atraviesa el río Gobela, entre la avenida de los Chopos y la autovía.
Rodeamos el humedal de Bolue, con una población considerable de patos, seguimos por la parte trasera de Fadura y en la cervecera de Sta. Ana giramos a la izquierda para adentrarnos en el casco de Berango.
Nos sorprende una nueva urbanización de diferentes chalets individuales, algunos todavía sin acabar, de tal categoría que bautizamos a la zona como “costa aún más rica”.

A todo esto, siempre conducidos por un guía titulado, dialogante y buen conocedor de la zona.
Por cerca del Eroski de Berango tomamos la ruta peatonal, con bidegorri incorporado, que transcurre paralelo a los nuevos viales y que nos lleva hasta la playa de Sopelana.

Viendo el mar nos entra un pequeño canguelo pensando que la gota fría se había adelantado pero se nos pasa rápido porque después de hacer los convenientes análisis de velocidad y dirección llegamos a la conclusión de que la lluvia se desviaba a la izquierda mientras que hacia la derecha todavía se vislumbraban algunos claros.
Este dribling nos anima a tomar el cafelito, e incluso la manzana, en el jardín de un hotelito cerca de Sopelmar. Hay que reconocer que los 15 minutos que le hemos dedicado han merecido la pena por lo bien que se estaba.
Bordeando el acantilado nos dirigimos hacia Barrica pasando por Meñakoz, pequeña cala de piedras pero muy visitada por la juventud. Ahora el sol casca de veras sobre todo en las zonas donde estamos protegidos de la brisa que casi siempre suela coincidir, no sé por qué, con tramos de subida.

Así llegamos hasta las primeras casas de Barrica donde se encuentra el famoso bar “El Golfo”
Y hete aquí que un espontáneo, sin homologar, se nos hace con el mando. Guía, que sin escuchar las voces sensatas ni mirar la masa negra, pero que muy negra, de nubarrones que se acercaban galopando por el horizonte, nos hace dar un rodeo por toda la costa, incluida la punta llamada de Txitxarropunte para que pudiésemos disfrutar desde allí una vista de la bahía de Górliz que verdaderamente es una maravilla, eso nadie lo pone en duda, pero no con lo que se nos venía encima.

“Vamos rápido que nos llueve” “Vamos que nos va a llover” pero ni caso. Ciego y sordo en cantidades industriales.
Todavía nos da tiempo para pasar cerca de la playa nudista, con algún objeto rotundo que algunos tienen ánimos de atisbar y después del asilo cogemos la carretera cuando el viento se deja notar y empiezan a caer algunas gotas en plan de aviso.
Y claro, nos coge en la pasarela que transcurre paralela a la ría hasta la estación. Son 300 m. sin defensas ni protección alguna ni, posibilidades de encontrarlas. Precisamente tiene que ser aquí cuando nos cae la tromba de agua acompañada de fuerte viento que hace inútiles los paraguas y los chubasqueros. De media cintura para abajo todos hundidos.
Protegidos en la estación del metro esperamos a que pase lo peor, sólo ha durado diez minutos, para cruzar el puente y dirigirnos al Batela donde con un vinito-caña o txakolí nos adecentamos como podemos.
Dos jubiltaldeos se nos unen en este punto y ante la imagen que dábamos no pueden más que esbozar una sonrisa sardónica. Otro vinito para hacer tiempo y a las dos y media sentados en la mesa para dar cuenta del menú del día, digno pero sin más.

¿Y el guía espontáneo? Pues ni un ápice de arrepentimiento.

Todavía un poco húmedo, escribo esta crónica, como cronista becario, en Górliz a 15 de Septiembre de 2009.