SOLLUBE
07/12/2010
Hoy ha sido el día SIN: sin barro, sin guía, sin tesorero, sin CO2 y hasta sin socios fundadores.
Somos ocho jubiltaldeos rasos, uno de ellos en plan monitor, es decir, sin mochila.
A las 8,52 nos juntamos en Bolueta los que hemos venido en metro con los que han cogido el euskotren en Atxuri.
A las 10 más o menos llegamos a Bermeo después de un recorrido por parte del Duranguesado y la comarca de Busturialdea-Urdaibai con la ría de Guenika como protagonista principal y una vez tomado el café, sin más preámbulos, empezamos la marcha a las 10,20.
Al principio por aceras y luego por carretera vamos poco a poco cogiendo altura. Salvo alguna cuesta que nos exige algún esfuerzo y algún silencio, todo el trayecto transcurre con pendientes tendidas y siempre por carretera, o lo que es lo mismo, sin gota de barro lo que ha permitido, a los poseedores de información privilegiada, venir con deportivas de treking.
Nos desviamos hacia Mañu Auzoa y ya dejamos de ver el mar para, pasar al pino y eucalipto con ciertos toques de amarillos y ocres de unos cuantos robles y abedules desperdigados.
Algunas de las casas que tienen unas vistas espectaculares aunque claro está, hay que vivir allí y si te gusta tomar algunos potes la cosa se puede complicar.
A las 12,30 estamos en el Sollube, monte bocinero (683 m. y cuatropetecientas antenas para todo lo que funcione con ondas). Hace viento que pese a soplar del sur es fresco por lo que, al no haber mucho sitio donde refugiarse, comemos rápidamente el amaiketako mientras repasamos la orografía de Bizkaia y parte de Gipuzkoa ayudados por los paneles que allí se encuentran. Por supuesto no podía faltar la foto.
El descenso es por la misma ruta con las únicas diferencias de que ahora tenemos el mar de frente, que nos cruzamos con tres motorruidistas atronadores y que hacemos un pequeño desvío para ver el cementerio de Mañu en donde las lápidas tiene esculpida alguna figura que indica el oficio que en su día ejerció el difunto.
Entramos en el casco urbano de Bermeo a punto de dar las 2,30.
Tras una intentona fallida, terminamos en el Artza. Comemos un poco apretados pero comemos decentemente. Como todavía hay gente esperando para sentarse decidimos cambiar de aires para tomar el café y, si procediese, la copa. Lo hacemos en una terraza de la plaza en donde el tesorero en funciones, una vez pedida la cuenta, procede a liquidar los gastos del día, trance que resuelve, pese a los titubeos iniciales, con maestría.
Entre los temas tratados toma cuerpo el ir andando desde Berango hasta Bilbao para tomar los vinos el jueves 16. El martes se concretará horario y ruta por si alguno se quiere añadir en el camino.
Pillamos el tren a las 4,48 y para las 6 otra vez en Bolueta, tranquilos porque no hay que fregar las botas y satisfechos porque nos hemos portado muy bien sin mandos, circunstancia que ha sido muy comentada, por lo que creo que deberían coordinar sus vacaciones para que siempre hubiese un socio fundador de guardia que velase por el buen comportamiento cívico, deportivo y medioambiental del resto de los jubiltaldeos de a pie que, con gran responsabilidad, en algunos caso ejerciendo funciones fuera de convenio, hemos usado el transporte público (nada de CO2 a la atmósfera), hemos alcanzado el objetivo sin perdernos, el núcleo duro no nos ha atajado nada en todo recorrido, nos han salido las cuentas, tenemos fotos (paciencia que ya se colgarán en la web) y encima hemos sido lo suficientemente humildes y respetuosos como para no hacer una asonada contra la élite.
Sin más que añadir para la posteridad se escribe esta crónica en Algorta a 9 de Diciembre de 2010.
martes, 14 de diciembre de 2010
lunes, 13 de diciembre de 2010
30-11-2010 ALTO DEL PANDO
ALTO DEL PANDO
30/11/2010

Día fresco, nublado y esperanza, como así ha sido, de que no llueva.
Tras el reagrupamiento, saludos y café, los nueve jubiltaldeos nos acercamos en los coches al santuario de Nª Sra. De la Encina, punto de inicio y llegada del “paseo”.
Iniciamos la marcha a las 10 y por carretera llegamos hasta la Torre Mendieta del s. XVI de estilo gótico renacentista. Esto último lo escribo, no porque sea un experto sino porque lo ponía en un cartel explicativo situado cerca de la torre.
A partir de aquí, una hora de andar lento por barro, barro, de color negro, generado por el movimiento de ganado vacuno, alternado con algún trayecto por campas, alguna que otra alambrada y bastante zarza que a más de uno le hace sangrar profusamente pero sin llegar a ser necesaria ninguna transfusión.
Tenemos de frente los montes de Ordunte y a nuestra izquierda el Montenegro coronado por un bosque de antenas
En este tramo todavía no me aclaro si es que no hemos cogido el camino correcto o nos hemos salido del mismo para evitar el agua y el barro.
Llegamos a la carretera que termina en una vaquería que forma parte de los caseríos Palacio, que nos hace abrigar alguna esperanza, esperanza que nos dura 50 metros. A partir de aquí, nos toca más barro, esta vez de color blanquecino ya que la pista forestal está destrozada por las máquinas que han estado trabajando en las sacas de los pinares que bordean la misma. Y todavía tienen que venir los camiones a llevarse los troncos ya apilados, pelados y cortados. Un mastín nos acompaña un buen rato hasta que comprueba que no somos cuatreros y que, encima, se está poniendo perdido.
Superado este trance, continuamos por pistas forestales más transitables, que permite a los micólogos echar algún vistazo sin éxito, hasta enfilar la cuesta final hasta la cumbre, que tiene su miga. Llegamos a las 12,15.
A pesar de ser un monte de estatura más bien baja, las vistas, en lo que permiten las nubes y la bruma son francamente buenas lo que aprovechamos para hacer un repaso a los montes que se divisan: la sierra de Orduña, el Eretza, Ganeko, etc. por citar algunos.
Tomamos una ligera colación incluido un reconfortante caldito que uno de los jubiltaldeos lo ha preparado, y transportado (termo y vasos) sin que haya salido de su boca ni un leve quejido.
Foto y vuelta, por la vertiente este del monte hasta llegar a una zona donde unos cuantos intentan localizar el lugar donde en su día se forraron a cantarelus. Después de media hora de búsqueda no dan con él así que con las manos vacías volvemos a tomar el mismo camino de la ida, con el mismo barro y los mismos pinos pero andando más deprisa ya que, avisado el restaurante, nos dan de plazo hasta las tres de la tarde para darnos de comer y esto es sagrado.
Una vez en la vaquería seguimos por la carretera, que también tiene algún que otro repecho rompepiernas pero sin barro, hasta llegar a los coches a las 2,15. Caen algunas gotas.
Nos desembarramos y acicalamos rápidamente y aún tenemos tiempo de tomarnos el vinito con las almendras antes de pasar al comedor en el restaurante Torre de Artziniega.
El menú no suscita ningún oooh! pero como lo que importa (bueno, un poco sí) no es que la comida sea buena o mala sino la buena compañía, disfrutamos de la mesa.
Como es todavía pronto, que, bien abrigados porque el grajo vuela bajo, damos un paseo por el casco antiguo antes de coger los coches.
Para las 5,30 estamos en casa fregando las botas antes que se endurezca el barro y haya que utilizar medios mecánicos más expeditivos.
Se escribe esta crónica en Algorta a 1 de Diciembre de 2010 a la espera de que llegue la primavera que atempere las condiciones meteorológicas y de paso también podamos pillar alguna seta.
30/11/2010
Día fresco, nublado y esperanza, como así ha sido, de que no llueva.
Tras el reagrupamiento, saludos y café, los nueve jubiltaldeos nos acercamos en los coches al santuario de Nª Sra. De la Encina, punto de inicio y llegada del “paseo”.
Iniciamos la marcha a las 10 y por carretera llegamos hasta la Torre Mendieta del s. XVI de estilo gótico renacentista. Esto último lo escribo, no porque sea un experto sino porque lo ponía en un cartel explicativo situado cerca de la torre.
A partir de aquí, una hora de andar lento por barro, barro, de color negro, generado por el movimiento de ganado vacuno, alternado con algún trayecto por campas, alguna que otra alambrada y bastante zarza que a más de uno le hace sangrar profusamente pero sin llegar a ser necesaria ninguna transfusión.
Tenemos de frente los montes de Ordunte y a nuestra izquierda el Montenegro coronado por un bosque de antenas
En este tramo todavía no me aclaro si es que no hemos cogido el camino correcto o nos hemos salido del mismo para evitar el agua y el barro.
Llegamos a la carretera que termina en una vaquería que forma parte de los caseríos Palacio, que nos hace abrigar alguna esperanza, esperanza que nos dura 50 metros. A partir de aquí, nos toca más barro, esta vez de color blanquecino ya que la pista forestal está destrozada por las máquinas que han estado trabajando en las sacas de los pinares que bordean la misma. Y todavía tienen que venir los camiones a llevarse los troncos ya apilados, pelados y cortados. Un mastín nos acompaña un buen rato hasta que comprueba que no somos cuatreros y que, encima, se está poniendo perdido.
Superado este trance, continuamos por pistas forestales más transitables, que permite a los micólogos echar algún vistazo sin éxito, hasta enfilar la cuesta final hasta la cumbre, que tiene su miga. Llegamos a las 12,15.
A pesar de ser un monte de estatura más bien baja, las vistas, en lo que permiten las nubes y la bruma son francamente buenas lo que aprovechamos para hacer un repaso a los montes que se divisan: la sierra de Orduña, el Eretza, Ganeko, etc. por citar algunos.
Tomamos una ligera colación incluido un reconfortante caldito que uno de los jubiltaldeos lo ha preparado, y transportado (termo y vasos) sin que haya salido de su boca ni un leve quejido.
Foto y vuelta, por la vertiente este del monte hasta llegar a una zona donde unos cuantos intentan localizar el lugar donde en su día se forraron a cantarelus. Después de media hora de búsqueda no dan con él así que con las manos vacías volvemos a tomar el mismo camino de la ida, con el mismo barro y los mismos pinos pero andando más deprisa ya que, avisado el restaurante, nos dan de plazo hasta las tres de la tarde para darnos de comer y esto es sagrado.
Una vez en la vaquería seguimos por la carretera, que también tiene algún que otro repecho rompepiernas pero sin barro, hasta llegar a los coches a las 2,15. Caen algunas gotas.
Nos desembarramos y acicalamos rápidamente y aún tenemos tiempo de tomarnos el vinito con las almendras antes de pasar al comedor en el restaurante Torre de Artziniega.
El menú no suscita ningún oooh! pero como lo que importa (bueno, un poco sí) no es que la comida sea buena o mala sino la buena compañía, disfrutamos de la mesa.
Como es todavía pronto, que, bien abrigados porque el grajo vuela bajo, damos un paseo por el casco antiguo antes de coger los coches.
Para las 5,30 estamos en casa fregando las botas antes que se endurezca el barro y haya que utilizar medios mecánicos más expeditivos.
Se escribe esta crónica en Algorta a 1 de Diciembre de 2010 a la espera de que llegue la primavera que atempere las condiciones meteorológicas y de paso también podamos pillar alguna seta.
jueves, 25 de noviembre de 2010
23-11-2010 ARNOTEGI
ARNOTEGUI
23/11/2010
23/11/2010
Las condiciones meteorológicas, a primera hora de la mañana, eran francamente adversas en cuanto a frío y lluvia y encima, las previsiones de ayer a la noche tampoco daban muchas esperanzas.
No obstante 11 jubiltaldeos nos juntamos a las 9,30 frente a la cafetería de la estación de Abando, en la que donde algunos se toman el cafecito, para empezar la subida hacia Iberdrola donde hemos quedado con el doceavo jubiltaldeo.
Son las 10,15 cuando iniciamos la marcha hacia el objetivo, unos pertrechados como “il faut”, otros sin mochila pero con polainas y otros sin mochila ni polainas pero, eso sí, todos con el paraguas.
Debido a las obras de la super sur, andamos un tramo de la carretera que va hacia el barrio de La Peña hasta el desvío en el barrio de Irusta. Por ahora no hemos pisado barro y el camino, que sigue paralelo a la A-8, es perfectamente practicable. Otro desvío, amablemente indicado por un paseante, nos pone en la ruta definitiva, esta vez paralela a la autopista a Vitoria. La bruma y la lluvia, que intermitentemente cae, no nos permiten contemplar el paisaje pero sabemos que “por allí” está Arrigorriaga.
Justo antes de dejar la pista nos encontramos con un grupo de colegas, por afición y edad, que ya estaban tomando su amaiketako. Empezamos a subir, afortunadamente durante no mucho tiempo, por la única parte del camino con barro resbaloso hasta coger la pista de grava apisonada que transcurre por una zona de robles americanos cuya caída de la hoja deja un manto de ocres rojizos. Pasamos por Landeta Goiko y suavemente llegamos hasta la antena de TV2 donde también se encuentran, además de la caseta del guarda forestal, otras antenas y el área de recreo del Arnotegui.
Otra subidita más y llegamos a la cumbre (426m.) donde están el buzón y las ruinas de un fortín de tiempos de las guerras carlistas. Parada para tomar la manzana y a continuación vamos al vértice geodésico desde donde se ve todo el abra, ría y el gran Bilbao. Como el horizonte se ha despejado un poco, aprovechamos para sacar la foto del grupo.
El Arnotegui, junto con Archanda, monte Avril, Pagasarri y Arraiz forman el anillo verde de Bilbao
Hay un conato para iniciar el descenso por la directísima pero como son minoría absoluta volvemos por donde hemos subido hasta llegar otra vez a la antena.
Desde aquí tomamos la pista dirección a la ermita de San Roque desviándonos para salir a la carretera más o menos a la altura del bar-merendero conocido por todos los que suben al Paga como “del Athleti”.
Hacemos un intento de comida en el asador Mendipe pero como no dan menú del día y la carta o la alubiada se salen de nuestros posibles volvemos directos al punto de partida a donde llegamos hacia la una y media, para, una vez quitadas las polainas, ir paseando por San Adrián hasta Miribilla al restaurante Deluxe (9442448049), cerca del frontón, en la calle Jardines de Gernika.
A modo de resumen se puede decir que, un 80% del paseo ha sido por caminos sin barro y un 90% con el paraguas abierto.
Mientras nos ponen la mesa tomamos el vinito con las almendras de la cosecha de 2010. La comida, no es de raciones enormes pero está bien condimentada y con un aire de modernidad que nos complace a todos. Con cafés, chupitos y consumiciones anteriores, puesto que hoy no hay cumpleaños a celebrar, 16€ que tratamos, en balde, de que el tesorero lo ajuste a los 15 de siempre.
En la sobremesa, comentamos que hace bastante tiempo que no hemos acudido a los templos gastronómicos habituales, se le sugiere al guía alfa la salida al alto del Pando por si hay suerte con las setas que hoy no la ha habido y se consulta al calendario para ir pensando en la comida aniversario de Jubiltaldea que bien podía ser, para la mayoría presente, el 20 de Enero y en la que se le impondrá la camiseta a un nuevo jubiltaldeo cuyo año de noviciado ha sido digno y meritorio.
Para evitar que nos echen, optamos por marcharnos y piano, piano, sin lluvia, vamos a la estación de Unamuno donde nos despedimos.
Se escribe esta crónica en Algorta a 24 de Noviembre de 2010 en ausencia del titular y maestro de cronistas.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
16-11-2010 PICO DE LAS NIEVES
PICO-ERMITA DE LAS NIEVES
Hemos comenzado el día presos de la incertidumbre debido a la lluvia, lo que ha llevado a la desconvocatoria en una parte de Costarica, finalmente hemos llegado al punto de encuentro tres de Bilbao y tres de Costarica, a los que se ha unido el guía alfa, con sorpresa dado que era uno de los desconvocantes, todo un lío.
Por fin, después del café, vamos a los coches y nos dirigimos a Rascón, una aldea pequeña pero con un lavadero-fuente muy práctico, donde dejamos los coches y comenzamos la ascensión del Pico de las Nieves. Vamos por una carretera vecinal en dirección a la aldea de Las Garmillas, la subida es cómoda y antes de llegar nos desviamos a la izquierda, siempre por asfalto, para bajar hacia Rebollos con la idea de tomar un camino que paralelo a la margen derecha del río, nos permita ascender. No puede ser porque el camino está cerrado con una puerta donde hay un letrero que indica que no es camino de monte (antes de comer el camarero nos aclara que por esa zona tienen un litigio con el Gobierno Cántabro y que se puede pasar a pesar del letrero)
Tomamos la carretera dirección Guriezo hasta encontrar una señal que indica la subida a la Ermita de las Nieves y que tenemos 5 Km. Desde este desvío el camino es conocido para varios de la cordada y llegamos a la ermita sin dificultad. El día es magnífico y las vistas idem, vemos como los Picos de Europa ya tienen nieve, antes se aprecia todo el cordal que va desde el Zalama al Kolitza y por el mar desde Noja hasta Costarica.
Tras el refrigerio y como no se puede volver por donde hemos ido, volvemos por donde estaba claro que nos perdíamos y nos hemos perdido, de forma controlada y como el martes anterior por bajar la cuesta más empinada queriendo perder cota lo más rápido posible. Total que tras media docena de barrizales, varias campas y alguna alambrada que nos llevan a una finca llamada El Rayo, con un letrero de Cuidado con el Perro, que lo vemos en la puerta a la salida, llegamos al camino que termina en Rascón donde tenemos los coches. Comentar que este camino nos ha regalado varias cascadas muy chulas y una conversación con dos lugareños que nos han despejado las dudas, porque no teníamos excesiva idea de donde acababa el camino.
En el restaurante Los Tilos de Ampuero tomamos un vinito para celebrar el cumple de un Jubiltaldeo . El guía alfa marcha para casa y el resto entramos al comedor para acogiéndonos a las Primeras Jornadas Gastronómicas de la Matanza Alto Asón comer un menú compuesto de Cocido montañés, alubias rojas y manos de cerdo mas postre. Tras tertulia y reposo procedemos a dar un paseo por Ampuero para bajar los niveles de colesterol. Regresamos a los coches y volvemos a casa sin incidentes reseñables.
Por ausencia de todos los cronistas, escribo esta crónica desde la parte alta de Bilbao el 16 de Noviembre del 2010. Si alguien no entiende algo de esta crónica, el jueves se lo aclaro en el paseo por La Galea.
jueves, 4 de noviembre de 2010
2-11-2010 BURBONA
MONTE BURBONA
Estamos en otoño y el otoño exige una visita, casi obligada, al Burbona y a sus hayedos. Como digo estamos en otoño y en esta estación lo normal es que haga un tiempo más bien “chungo” a pesar de lo que diga la Urrutia.
Salimos de casa con tiempo nublado y a las 9,30 horas estamos en Orozco según lo estipulado en la orden del día. En uno de los bares de la plaza tomamos el café y tras un amago de vivir nuevas aventuras, abortado rápidamente, nos vamos hasta Ziorraga, a lugar conocido de ocasiones anteriores.
Nos preparamos para convivir durante la mañana con el barro y la lluvia y nos ponemos prestos a iniciar la ascensión. Desde el comienzo la inclinación es continua y sin “áreas de descanso” que alivien el sofocón. El tiempo se pone tonto y la lluvia nos acompaña, como una fiel amiga, sin dejarnos hasta llegar al buzón. Para completar el panorama una niebla cada vez más espesa nos impide ver más allá de unos metros delante de nosotros y provoca que perdamos las referencias. Tras la primera parte de ascensión constante nos empotramos (como los periodistas en Irak) en el hayedo y dentro de él el andar es más placentero por lo llano del camino. La intensa humedad reinante provoca en todos nosotros una sudada importante que tenemos que vigilar para no quedarnos fríos. Recuperada la orientación y según el guía alfa sólo queda un repechito, un repechito que al menos a mí me hace llegar con la lengua fuera.
Por fin llegamos todos, unos antes que otros, al buzón de uno de los Burbonas, (el del cohete) y tras un rápido refrigerio, (sigue lloviendo) iniciamos el descenso.
La bajada, ya se sabe, es siempre más cómoda. Es cuesta abajo, y además ha desaparecido la niebla y ha dejado de llover… pero.
Llegado a un cruce de caminos uno de los intrépidos del grupo decide lo de siempre: Por aquí.
El por aquí nos lleva primero por un desnivel de “cuidado que te puedes dar la hostia” y después, con otra orden de por aquí por un sendero estrecho y poco recomendable.
El guía alfa pone orden y da marcha atrás. Unos le seguimos a la primera y otros no sé si muy convencidos minutos más tarde.
La jugada trae como consecuencia que salimos a la carretera a más de dos kilómetros de distancia de donde están los coches. Llegamos con el tiempo justo, nos cambiamos para quitarnos la sudada y el barro y nos vamos sin perder un minuto a Orozko.
Tenemos reservada mesa en el bar-brasería-restaurante-puticlucb… (Lo digo porque el cartel está adornado con un gato negro y los de mi edad ya saben de qué hablo) Zurrumurru y entramos a comer directamente, ya que es tarde y los del bar cierran a la tarde. Comemos solos y dignamente, sin más. Salimos poco después de terminar por no incordiar y nos damos un paseo por el pueblo, viendo el despliegue de chales y casas en general de nueva construcción.
Reposada la comida y el espíritu nos despedimos y cada grupúsculo se dirige a su punto de origen dando por finiquitado el día.
Y sin otros recuerdos reseñables escribo esta crónica en Las Arenas a dos de Noviembre de 2010
Estamos en otoño y el otoño exige una visita, casi obligada, al Burbona y a sus hayedos. Como digo estamos en otoño y en esta estación lo normal es que haga un tiempo más bien “chungo” a pesar de lo que diga la Urrutia.
Salimos de casa con tiempo nublado y a las 9,30 horas estamos en Orozco según lo estipulado en la orden del día. En uno de los bares de la plaza tomamos el café y tras un amago de vivir nuevas aventuras, abortado rápidamente, nos vamos hasta Ziorraga, a lugar conocido de ocasiones anteriores.
Nos preparamos para convivir durante la mañana con el barro y la lluvia y nos ponemos prestos a iniciar la ascensión. Desde el comienzo la inclinación es continua y sin “áreas de descanso” que alivien el sofocón. El tiempo se pone tonto y la lluvia nos acompaña, como una fiel amiga, sin dejarnos hasta llegar al buzón. Para completar el panorama una niebla cada vez más espesa nos impide ver más allá de unos metros delante de nosotros y provoca que perdamos las referencias. Tras la primera parte de ascensión constante nos empotramos (como los periodistas en Irak) en el hayedo y dentro de él el andar es más placentero por lo llano del camino. La intensa humedad reinante provoca en todos nosotros una sudada importante que tenemos que vigilar para no quedarnos fríos. Recuperada la orientación y según el guía alfa sólo queda un repechito, un repechito que al menos a mí me hace llegar con la lengua fuera.
Por fin llegamos todos, unos antes que otros, al buzón de uno de los Burbonas, (el del cohete) y tras un rápido refrigerio, (sigue lloviendo) iniciamos el descenso.
La bajada, ya se sabe, es siempre más cómoda. Es cuesta abajo, y además ha desaparecido la niebla y ha dejado de llover… pero.
Llegado a un cruce de caminos uno de los intrépidos del grupo decide lo de siempre: Por aquí.
El por aquí nos lleva primero por un desnivel de “cuidado que te puedes dar la hostia” y después, con otra orden de por aquí por un sendero estrecho y poco recomendable.
El guía alfa pone orden y da marcha atrás. Unos le seguimos a la primera y otros no sé si muy convencidos minutos más tarde.
La jugada trae como consecuencia que salimos a la carretera a más de dos kilómetros de distancia de donde están los coches. Llegamos con el tiempo justo, nos cambiamos para quitarnos la sudada y el barro y nos vamos sin perder un minuto a Orozko.
Tenemos reservada mesa en el bar-brasería-restaurante-puticlucb… (Lo digo porque el cartel está adornado con un gato negro y los de mi edad ya saben de qué hablo) Zurrumurru y entramos a comer directamente, ya que es tarde y los del bar cierran a la tarde. Comemos solos y dignamente, sin más. Salimos poco después de terminar por no incordiar y nos damos un paseo por el pueblo, viendo el despliegue de chales y casas en general de nueva construcción.
Reposada la comida y el espíritu nos despedimos y cada grupúsculo se dirige a su punto de origen dando por finiquitado el día.
Y sin otros recuerdos reseñables escribo esta crónica en Las Arenas a dos de Noviembre de 2010
jueves, 28 de octubre de 2010
26-10-2010 TOLOÑO
VISITA A LA RIOJA – MONTE TOLOÑO
Al igual que en años anteriores hoy visitamos a nuestro amigo Mali (socio fundador en el dique seco) para disfrutar con él de los aires y otras esencias de La Rioja.
Salimos prontito ya que el camino es largo y tenemos muchas cosas que hacer. Sin novedad y con bastante frío, que se va agudizando según cogemos altura, llegamos a Labastida. Allí nos reunificamos y tomamos un café, bastante chungo, por cierto.
Todos se alegran de verme nuevamente incorporado al grupo, pero no tengo muy claro el verdadero motivo de algunos.
Tras unos minutos de tertulia salimos rumbo a Peñacerrada, lugar donde dejamos los coches, y bajo el ruido de unos “escopeteros” muy interesados en matar seres vivos iniciamos la marcha.
El caminar y el camino resulta agradable. Transitamos en medio de un hayedo con mucha hoja ya en suelo y vamos cogiendo altura sin grandes esfuerzos.
El cromatismo del paisaje, cuando salimos a los claros, es espectacular: verdes de diferentes tonos, amarillos, ocres… una paleta infinita digna de ser admirada.
Tras más de diez meses de ausencia veo que las cosas siguen igual y que como cuando lo dejé cada uno hace más o menos lo que se pone en los…. Unos pocos muy por delante, otros simplemente por delante, otros por rutas alternativas y los que quedan por detrás, casi perdidos y sin referencias con los de delante. ¡Cojonudo!
Sin incidencias, salvo lo apuntado, llegamos a la cumbre del Toloño y además de reponer fuerzas disfrutamos de un paisaje espectacular, mejorado por el día soleado y el cielo azul: pueblos riojanos en el valle, el río Ebro y sus meandros, los colores de los árboles y las vides… ¡muy guay!
Superada la prueba ¿principal? del día toca volver a la civilización para seguir con las metas marcadas. El descenso es tranquilo y sin complicaciones y ahora sí, algunos se interesan y me preguntan para saber como me encuentro.
En tiempo y hora llegamos a los coches, nos “mudamos” y nos dirigimos a Haro. Paramos brevemente a tomar un vino y sin más nos vamos a la “residencia de verano” del anfitrión.
Allí nos espera Maite, su mujer, y Fernando, otro sabio jubiltaldeo que se ha apuntado sólo al disfrute del buen comer. Por cuantificar, decir que somos quince, trece hombres y dos mujeres.
Comemos bien y tradicional: pimientitos rojos en aceite, tomate de casa, ensalada, codero asado, pan blanco…
Tras el yantar y la tertulia nos paseamos por los caminos próximos a la urbanización y nos dejamos acariciar por un sol otoñal que aún tiene fuerzas para resultar reconfortante.
A la hora prevista salimos hacia San Vicente de la Sonsierra para visitar la bodega de siempre y… merendar. Charla agradable alrededor de la mesa, degustación, otra vez, de productos riojanos, compra de vino y despedida final cuando la noche ya es dueña del lugar.
Sin contratiempos, espero, cada grupito retorna a su hogar, y cada quién vuelve con los suyos y posiblemente comente con ellos lo ¿duro? de la jornada.
Seguramente se me olvidan cosas al estar tan desentrenado por lo que espero que se me disculpe, y sobre todo también espero poder continuar asistiendo los martes y con ello liberar de la enorme carga de escribir estas crónicas a los cronistas suplentes.
Y si más termino esta crónica en Las Arenas (costa rica) el día del señor, veintiséis de octubre de 2010.
Al igual que en años anteriores hoy visitamos a nuestro amigo Mali (socio fundador en el dique seco) para disfrutar con él de los aires y otras esencias de La Rioja.
Salimos prontito ya que el camino es largo y tenemos muchas cosas que hacer. Sin novedad y con bastante frío, que se va agudizando según cogemos altura, llegamos a Labastida. Allí nos reunificamos y tomamos un café, bastante chungo, por cierto.
Todos se alegran de verme nuevamente incorporado al grupo, pero no tengo muy claro el verdadero motivo de algunos.
Tras unos minutos de tertulia salimos rumbo a Peñacerrada, lugar donde dejamos los coches, y bajo el ruido de unos “escopeteros” muy interesados en matar seres vivos iniciamos la marcha.
El caminar y el camino resulta agradable. Transitamos en medio de un hayedo con mucha hoja ya en suelo y vamos cogiendo altura sin grandes esfuerzos.
El cromatismo del paisaje, cuando salimos a los claros, es espectacular: verdes de diferentes tonos, amarillos, ocres… una paleta infinita digna de ser admirada.
Tras más de diez meses de ausencia veo que las cosas siguen igual y que como cuando lo dejé cada uno hace más o menos lo que se pone en los…. Unos pocos muy por delante, otros simplemente por delante, otros por rutas alternativas y los que quedan por detrás, casi perdidos y sin referencias con los de delante. ¡Cojonudo!
Sin incidencias, salvo lo apuntado, llegamos a la cumbre del Toloño y además de reponer fuerzas disfrutamos de un paisaje espectacular, mejorado por el día soleado y el cielo azul: pueblos riojanos en el valle, el río Ebro y sus meandros, los colores de los árboles y las vides… ¡muy guay!
Superada la prueba ¿principal? del día toca volver a la civilización para seguir con las metas marcadas. El descenso es tranquilo y sin complicaciones y ahora sí, algunos se interesan y me preguntan para saber como me encuentro.
En tiempo y hora llegamos a los coches, nos “mudamos” y nos dirigimos a Haro. Paramos brevemente a tomar un vino y sin más nos vamos a la “residencia de verano” del anfitrión.
Allí nos espera Maite, su mujer, y Fernando, otro sabio jubiltaldeo que se ha apuntado sólo al disfrute del buen comer. Por cuantificar, decir que somos quince, trece hombres y dos mujeres.
Comemos bien y tradicional: pimientitos rojos en aceite, tomate de casa, ensalada, codero asado, pan blanco…
Tras el yantar y la tertulia nos paseamos por los caminos próximos a la urbanización y nos dejamos acariciar por un sol otoñal que aún tiene fuerzas para resultar reconfortante.
A la hora prevista salimos hacia San Vicente de la Sonsierra para visitar la bodega de siempre y… merendar. Charla agradable alrededor de la mesa, degustación, otra vez, de productos riojanos, compra de vino y despedida final cuando la noche ya es dueña del lugar.
Sin contratiempos, espero, cada grupito retorna a su hogar, y cada quién vuelve con los suyos y posiblemente comente con ellos lo ¿duro? de la jornada.
Seguramente se me olvidan cosas al estar tan desentrenado por lo que espero que se me disculpe, y sobre todo también espero poder continuar asistiendo los martes y con ello liberar de la enorme carga de escribir estas crónicas a los cronistas suplentes.
Y si más termino esta crónica en Las Arenas (costa rica) el día del señor, veintiséis de octubre de 2010.
lunes, 25 de octubre de 2010
19-10-2010 EL JUNCAL
TREBUESTO-PRESA DEL JUNCAL
Esta crónica me ha pillado de sorpresa porque esta excursión se había programado pensando en un Jubiltaldeo que habitualmente hace las crónicas pero ha pinchado.
Como hoy el objetivo está en Cantabria hemos quedado en un lugar conocido de otras veces, el Hotel Islares donde nos reunimos para tomar cafecito, reservar la comida y sin prisas partimos hacia Trebuesto pasando por Guriezo. Aparcamos, nos preparamos y dado que el guía hacía muchos años que no andaba por el lugar, preguntamos a un lugareño por donde inicia el camino hacia la presa del Juncal.
Siguiendo las indicaciones y por un camino bien asfaltado, a la contra del cauce del rio Agüera, iniciamos el ascenso por un bosque de eucaliptos que no vaticina grandes logros micológicos. La pendiente no es prolongada pero si constante, hasta llegar a un cruce donde después de dudar y guiándonos de una señal tomamos el camino de la derecha (a la bajada nos damos cuenta que la señal está al revés y el camino bueno es a la izquierda) que nos lleva a unas campas. En este momento de los cielos han desaparecido las nubes y el día está precioso para andar.
Comenzamos la parte más dura de la mañana, aunque a la izquierda vemos la tubería que transporta el agua de la presa, seguimos recto en derecho hasta llegar a lo alto de la cuesta, donde paramos para reponer fuerzas. Las vistas son magníficas, Guriezo, Oriñón, La ballena, Sonabia, Peña Cerredo, el Buciero y por supuesto Costarica. Un Jubiltadeo hace una incursión en sentido contrario y nos dice que por el otro lado las vistas también son magníficas, que ha llegado a ver el macizo del Mampodre, en que estaría pensando.
Por una vez y sin que sirva de precedente, hacemos caso al guía alfa y encaramos hacia la izquierda donde llegamos a la presa del Juncal, hacemos foto con la ermita de las Nieves (Ampuero) al fondo y continuamos hacia Peña Negrera (679), nos quedamos en la base dado que el tiempo pasa sin darnos cuenta.
Emprendemos el descenso por una pista ancha, esta es la buena, y recolectando todo lo que podemos, setas, manzanas, limones etc., llegamos a los coches. Nos cambiamos de ropa, acomodamos las setas y salimos pitando a Islares donde tomamos el aperitivo al gusto de cada uno, con la sorpresa de que hay almendras. Algunos Jubiltaldeos por sus obligaciones no pueden quedarse a comer y nos dejan.
La comida en la línea de otras veces, tropecientos primeros y segundos, raciones generosas y el servicio campechano. Nos comenta el camarero que dan una media de 200 menús al día. Como consecuencia de la ley contra el tabaco no podemos tomar el café y la copa en la mesa y optamos por sentarnos en la cafetería.
Durante la tertulia se van cerrando los flecos para la CLASICA DEL OTOÑO a la Rioja y sin más que contar, escribo esta crónica desde la parte alta de Bilbao el 19 de octubre del 2010.
Un ruego a los cronistas, no faltéis. Por Favor.
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